Yo quiero ser tu profe, mejor dicho profesor

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profesor

En una página de levante empecé a hablar con un flaco. 40 y algo, casado, con hijos, en fotos tenia un aire a Adrián Pallares (jaja). Profesor de algo de sistemas en la universidad. Me contactó él porque quería probar con un hombre pero no se animaba. Era nadar en dulce de leche. Con el cuentito de que nunca había probado, que no quería que la mujer se de cuenta, que los hijos, que el laburo, etc etc etc, nunca concretábamos. Estuve fácil como 2 años chamuyándomelo por la página. Hasta que por fin, un día agarra coraje, y me dice que si estaba libre, podía pasar en ese momento por casa.

Era como la publicidad del analgésico que la minita le dice al flaco que cae en media hora. Tenía el depto. hecho un desastre. Pero acomodé todo en tiempo récord y apenas terminé me sonó el timbre. Me encontré con un tipo común, pero muy atractivo. De mi estatura, cuerpo normal, aparentaba treinta y pico, una barbita incipiente y vestido, digamos, “de profe”. Venía de dar clases. De esos tipos que no se te ocurre ni en pedo que puede llegar a comerse un pibe. Se lo notaba muy nervioso, y estuvimos ahí, parados en mi sala, hablando de trivialidades como 15 minutos. Era obvio que no sabía que hacer, ni como empezar. Y yo no quería cagarla yéndome de mambo, que se asuste y se vaya.
De repente me dice: “traje forros, por las dudas”. Le ofrecí que si no quería que nos sentemos en el sofá a ver que salía. Aceptó. Lo empecé a paquetear muy suave, muy de a poco. y él empezó a imitarme. “Voy bien?” me preguntaba. Yo lo dejaba hacer, y a la vez iba aumentando la intensidad de la sobada de chota que le pegaba. Estaba al re palo desde el primer momento. Quise acercarme a besarlo, pero me esquivó. Pero la arreglé levantándome y ofreciéndole pasar al cuarto. Aceptó, mas dejándose llevar por la situación que estando totalmente convencido de lo que hacía.
Entramos, y se empezó a desvestir. Siempre todo muy tímido, como con miedo, vergüenza. Se quedó en boxers y medias. Le propuse si no quería desvestirme el, y aceptó. Cuando quedamos los 2 en bóxer, le pregunte si quería que avancemos. “Que querés hacer? Mira que yo no entrego”. Le respondí bajándole el bóxer por adelante y liberándole la pija. Una hermosa chota, blanca, apenas curvadita, cabeza rosadita, apenas velluda, buen tamaño pero sin exagerar. Un poema. Empecé a pajearlo suave, y le iba preguntando si le gustaba. Él me respondía serio que si. Se la empecé a lamer de a poquito. Y le volví a preguntar si le gustaba. Volvió a responderme seriamente que si. Así que me la metí en la boca de una. Ahí empezó a suspirar. Y seguí, no hacía falta preguntar nada. Y él ya de a poco empezaba a contener menos los jadeos. Cuando me dice “no puedo creer lo bueno que esta esto!”, ya con poco de la seriedad con la que se venía manejando, se la empecé a mamar a full, con todas las ganas, ya sin reparos. El profe estaba que deliraba. En eso me frena, con la típica de que estaba por acabar. Y me pregunta si quiere que me la chupe, de nuevo con la seriedad de antes.
Yo le dije que haga lo que tenga ganas, que estábamos ahí para que el pruebe. Que ese era el momento para sacarse las ganas y las dudas. Lo hizo torpemente, pero con dedicación. Era obvio que nunca se había comida una pija. Pero con cada chupada iba mejorando. Y todo el tiempo me preguntaba si me gustaba, si lo estaba haciendo bien. Obvio que le dije que si. “Si hago algo mal enseñame, vos lo haces muy bien y te la quiero devolver”. Simplemente le dije que haga lo que a él le gusta que le hagan. Ahí fue entendiendo. Le iba acomodando la cabeza, diciéndole que abra mas o menos la boca, que me pase la lengua, que me chupe los huevos… Y él iba incorporando conocimiento.
“Querés que te coja?”, me pregunta. Ni lo dudé. Cuando preguntó como me gustaba, le dije que lo haga como él se imaginaba que lo haría cuando pensaba en estar con un flaco. Me puso boca abajo, se calzó el forro, me tiró medio pomo de gel en el orto, y me empezó a puertear. Entre la calentura que tenía y todo el gel que mandó ni costó que entre. De nuevo, con seriedad, como en un examen, preguntaba si iba bien, si me gustaba. O sea, cero morbo, pajerismo o sensualidad en el tono. Ante mi afirmativa, empezó a acelerar el ritmo, y llegado un punto ya me tenía re ensartado, agarrado de la piernas, dándome con todo, y yo gimiendo a full. “Que bueno que esta esto”, tiró nuevamente. Me garchó como media hora. Y me pregunta “querés cogerme vos?”.
No me alcanzaban las manos para ponerme el forro, agarrar el gel y demás! “Con cuidado, nunca me cogieron. Aparte la tenes grande” -me dice, de nuevo con seriedad. El mismo volvió a vaciar la otra mitad del pomo de gel y me embadurnó la chota. Lo dedeé, despacito, con mucha paciencia. Se lo notaba muy cerrado. Y se le notaba también la cara de dolor garrafal, a pesar de mi sutileza exagerada. Le pregunté si estaba bien, y serio me volvió a decir “Mas o menos, pero igual quiero probar. Seguí”. Y seguí nomas. Costó. Mucho. A pesar de que le llegué a mandar 3 dedos y que lo estuve dilatando un buen rato, estaba re cerrado. Le faltaba calmarse. Le dije que no estaba obligado, que si no quería o no le cabía lo dejábamos ahí. Pero con ese tono de agente del FBI me vuelve a decir que siga, que quería probar.
profesorFinalmente entró. Me movía sutilmente. Le pregunté si le gustaba, y me retrucaba preguntándome si a mi me gustaba. Yo a pleno, la estaba pasando genial. Pero su cara demostraba una incomodidad total. Me dijo que siga. Así que le empecé a dar con mas ganas. Pero su incomodidad no cedía. Le propuse que paráramos y me vuelva a coger él de nuevo si quería. No aceptó, pero si me pidió que se la vuelva a chupar. Y así lo hice. Nunca se le bajó. Y era evidente que estaba a punto. Me pidió pajearme, ya que quería verme acabar, y no quería acabar primero porque si no se le iban a ir las ganas. Lo dejé. No solo me pajeó, me la volvió a chupar un rato. “Asi esta bien? Te gusta?”. Y si, ya a esta altura el solo verlo comiéndome la pija me re calentaba. Le avisé que venía, me siguió pajeando apuntando mi pija hacia mi pecho, y acabé. Se quedó medio ido. Y no lo dejé pensar mucho y volví a chupársela, que parecía estar mas duro que antes. “Mira que estoy por acabar”, me dijo, y me preguntó donde acababa. No le respondí, seguí chupando. Quería que esa primera vez le sea bien memorable. “Mira que ya no aguanto, si seguís acabo… Si seguís acabo… Si seguís………”
Y como acabó! Fueron tantos lechazos que perdí la cuenta. Y los primeros con unos gemidos tan profundos que me endurecieron mas la chota, que tampoco se me había bajado.

Quedó fascinado. Tanto que volvió. Varias veces. Y no solo aprendió a gozar con otro flaco. También aprendió que, a pesar de lo bien que la pasa conmigo, eso no lo hace gay. Me lo preguntó una vez, dudoso y aterrado. “Yo que soy, pasivo, bisexual, gay..? Si con mi mujer estoy re bien, pero necesito estar con vos también”. Y ahí la clase se la di yo. De diversidad, de identidad sexual y de prácticas y preferencias sexuales. Con ese tono serio con el que él me hablaba la primera vez. Porque el pobre tenía una ensalada y estaba con terror de que dejar de querer a su esposa y a su familia. Parece que el concepto le quedó clarísimo, porque ahora el que propone, ya sin miedo y no tan serio, es él.

Martin Brightside

Patagónico. Pasional. Psicólogo frustrado. Armo teorías sobre todo e imagino varias soluciones y salidas a los dilemas cotidianos, como los viejos libros de “Elije tu propia aventura”. Amante de la música. No me quitan el sueño ni la machez absoluta ni la perfección estética.

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2 Replies to “Yo quiero ser tu profe, mejor dicho profesor”

  1. Realmente muy buen relato.
    Me encantó na ultima parte del mambo, me imagino la calentura / morbo de iniciar al profesor. . . espero poder volver a leerte!
    Como siempre , gracias por el aporte!!!

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