“Una oficina al rojo vivo…”

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Pedro LeiranoEn esta ocasión voy a compartirles una experiencia grupal cuando vivía en Rosario.

Mi máxima fantasía siempre fue que me pisara más de un macho a la vez, pero en Argentina, y además Rosario, era muy difícil conseguir un grupo de lo que yo llamo “pisadores activos” (es decir machos a los que les gusta pisar a otros hombres). Así fue que, viendo distintas páginas de internet, descubrí una denominada “Pajas Cruzadas” entre hombres, y entonces se me ocurrió formar un grupo de pajeros, contactándolos por los números de teléfonos móviles, que muchos dejan al hacer sus publicaciones en dicho blog (en general se trata de  bi o heteros curiosos), y proponerles que mientras ellos se masturban recíprocamente, TODOS me pisen!

Obviando comentar la previa organización, finalmente aunque no muy grande, se formó el grupo de tres exponentes, facheros, bi y por sobre todo bien masculinos.

Así fue, como concretamos el encuentro una noche en la oficina de uno de sus integrantes, ubicada en un edificio en el centro de Rosario (ninguno tenía “lugar”). Quedamos en encontrarnos en la puerta de entrada, y una vez que estuviéramos  todos los invitados, tocaríamos el portero eléctrico para ingresar a la oficina de quién ya nos esperaba arriba (Manuel de 36 años).

Yo llegué primero, y con la adrenalina a full esperaba ansioso en la puerta del edificio indicado, a dos de los que esa noche serían mis pisadores. Cumpliendo el horario convenido, llegaron por casualidad casi al mismo tiempo  Joaquín y Nicolás (22 Y 28 respectivamente). Yo no podía dejar de mirar sus pies!!. El pendex con unas descomunales zapas deportivas, y  Nicolás con unos impecables zapatos negros con punta y acordonados, que a requerimiento mío (vía whatsApp) se había puesto para la ocasión.

Nos saludamos, y ya sentía que me encontraba totalmente “al palo”! Comunicamos entonces al anfitrión nuestra presencia, y éste bajó presuroso a abrirnos (llevaba puestos unos espectaculares borcegos marrones). Una vez todos presentados (hasta ese momento ninguno nos conocíamos personalmente, sólo por whatsApp y fotos), subimos al ascensor en un tenso silencio, mientras todos nos mirábamos disimulada y deseosamente.

Una vez en la amplia, y muy distinguida oficina de Manuel, éste me largó:  “esa es la alfombra de la que te hablé en el whatsApp” señalando un  mullido tapete rojo que había en una antesala. En el acto me senté cómodamente sobre la alfombra, mientras los tres no dejaban de mirarme con ganas de empezar a hacer aquello, a lo que habían venido. Les pedí que se sentaran en un confortable sillón de tres cuerpos que formaba parte del mobiliario, y entonces sin poder esperar un instante más, comencé a besar sus pies.

Manuel notablemente excitado, me dijo sin más preámbulos “sacate la remera y el pantalón que quiero ver en detalle ese hermoso  lomo que tenés!!! suspendí mis besos en los pies, y procedía a sacarme remera, calzado y pantalón, quedando en unos bóxer blancos que excitó notablemente a mis pisadores. Me recosté en la alfombra, y la punta la hizo Joaquín,  apoyando suavemente su zapa en mi pene, al tiempo que Nicolás metía la punta de sus  zapatos por mi boca, y Manuel presionaba las suelas de sus borcegos en mis pectorales.

Comencé a retorcerme del placer, y eso los excitó aún más a los tres, cuyos penes ya estaban debajo de sus pantalones, visiblemente erectos. Manuel, el que se mostraba más rudo por la potencia de las pisadas que me infería, no dudó, y mientras seguía haciéndome disfrutar de sus hermosos borcegos cuyas suelas se refregaban ahora en mi rostro y boca,  comenzó a desprender el pantalón de  Joaquín, introduciendo lentamente su mano por dentro  de su slip color negro.  A su vez Joaquín, llevó a cabo la misma acción sobre Nicolás, que en ese momento para mi deleite, se encontraba parado encima de mío,  con un pie sobre mis testículos, y el otro sobre mi abdomen, moviéndolos como los que pisan uvas para hacer vino.

Pronto entonces se armó la fiesta, y sin retirar sus hermosos pies, mientras se paraban por momentos los tres juntos sobre mi cuerpo, comenzaron a besarse, tocarse y masturbarse entre ellos. Cuánto más veían cómo yo me prendía fuego con las pisadas, ellos más se encendían. Por lejos, el momento más erótico que viví en mi vida…

Finalmente, y luego de unos creo 30 0 40 minutos de placer desmedido, se notaba que Joaquín estaba dispuesto a ser quien me hiciera acabar, y entonces mientras Nicolás lo masturbaba frenéticamente, y Manuel lo besaba en el cuello, el pendejo se centró en mis testículos, y comenzó a presionarlos suavemente, subiendo de vez en cuando su zapa hacia mi pene, para apenas acariciarlo, y de esa forma hacérmelas anhelar de manera desesperada.

A esas instancias, y sintiendo las suelas de los otros dos pisadores recorriéndome por entero, la retorsión de mi cuerpo era semejante a la de una lombriz que trata de huir de su cazador. Cuando ya la intensidad de mis jadeos y gemidos denotaban que estaba por alcanzar al zenit de mi excitación, entonces Joaquín presionó con más fuerza su talón sobre mis testículos, mientras que lentamente daba pequeños golpecitos con la punta de su zapa sobre la cabeza de mi pene bañada de líquido preseminal,  que no pudiendo resistir más, explotó como si fuera una fábrica de leche condensada, expulsando semen hasta mi cuello, al tiempo que también comenzaban a acabar de manera simultánea mis pisadores.

Luego de tan excitante momento compartido, y ya con la paz de una formidable acabada, charlamos trivialidades un rato, y finalmente nos despedimos como si nos conociéramos de toda la vida.

Quedamos en un reencuentro, pero por cuestiones de tiempos y coordinaciones personales, a lo que se sumó que poco tiempo después tuve que partir de Rosario por motivos profesionales, no pudo concretarse una nueva y caliente experiencia, como la vivida en aquella oficina al rojo vivo

Pedro Leirano

ALGO DIFERENTE

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  1. Manuel
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