Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasado.

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amigosTodo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

“La vida está llena de sorpresas pero así y todo uno es quien elige sus destinos”, así siempre me dijeron y así siempre lo creí.

Así fui construyendo una amistad de muchos años, desde el jardín hasta la universidad. Nunca había experimentado la sensación de entenderme con alguien con una mirada, pero lo había logrado y con mi amigo éramos casi hermanos, yendo de acá para allá, no hacía falta una palabra para hacerse entender. Esas cosas que se viven después de años de confianza mutua.

Yo bisexual, él hétero. Nunca hablamos mucho de sexo, excepto de las ganas que le podíamos tener a alguna que otra piba.

Una tarde buscando en su celular una dirección, el historial saltó sólo con oprimir una R y ahí estaban, una larga lista de videos porno gay de Redtube que llamó enormemente mi atención aunque traté que mi asombro no se notara tanto. Pero después de tantos años, era imposible disimularlo aunque quisiera, él ya sabía que lo había visto y borró el historial tardíamente. Nunca decidí tocar el tema porque me parecía muy invasivo, a pesar de tener tanta confianza, sentía que era hablar de un tema del que quizá mi amigo no estaba preparado. Pero para mayor sorpresa, lo que vino después superó todas mis hipótesis…

 

Todo pasó una noche en que nos quedamos a dormir en la casa de un amigo en común, solos en un sillón cama, cosa que habíamos repetido muchas veces y sin ningún problema. Fueron varios días de ir y venir a la casa de nuestro amigo porque tenía la casa sola. Ese día en especial no tenía ganas de ir por estar en épocas de parciales, pero después de tanta insistencia y sin ganas de ganarme el rótulo de “amargo” entre mis amigos, decidí ir sin pensar en todo lo que me pasaría después.

 

La noche de ese día la recuerdo como si hubiera sido ayer. Nos acostamos los dos (pies con pies), como de costumbre en el sillón-cama y después de unos cuantos minutos de no poder lograr dormir, por un café mal tomado antes de acostarme, me puse los auriculares y cerré los ojos hasta esperar, al menos, un atisbo de sueño. Eran las 5 de la mañana y se cumplían cuatro horas desde que nos habíamos acostado y yo seguía sin conseguir dormir algo. Ahí estaba yo pensando en el largo día que me iba a tocar sin haber dormido nada cuando sentí un movimiento el la cama al que no le presté atención pero, al sentir un brazo abrí, los ojos y me quedé atónito al ver a mi amigo acostado al lado mío. Me sacó los auriculares y me preguntó qué escuchaba, se los puso él y al rato se los sacó para decirme si me acordaba de esa vez que nos tocamos cuando éramos chicos y con una mezcla de tranquilidad y nerviosismo se bajó lentamente el short invitándome a que hiciera lo mismo, y así lo hice.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

De compartir unos mates a la tarde a estar pegados pajeándonos mutuamente, un privilegio que no dude en aceptarlo sin tener en cuenta el enorme costo que significaba al mismo tiempo.

“¿Me la chupás?” me preguntó, y asentí sin dudar -y sin pensar también- cabeza, tronco y huevos, culo, todos para mí, recién depilados. Aproveche, sabía que sería la primera y última vez y aproveche. Toque con intensidad lo que pude, fue una chupada larga y muy intensa, acompañados por el amanecer desde un séptimo piso. ¿Por qué? No lo sé. ¿Le tenía ganas?

Quizás si, quizás no, nunca lo quise ver o nunca me lo acepté. Acabó, bastante, y la amistad también. Sin mediar palabras nos acostamos de nuevo hasta que el intenso sol de las 10 nos levantó y nos fuimos caminando, hablamos si, muy poco y nada de lo sucedido. Después de volver de cursar y antes de dormir una siesta, no me resistí a mandarle un mensaje, “Gracias por lo de hoy, nos vemos”, “de nada, un abrazo” me respondió.

Pude intuír que todo se había ido al carajo, pero como soy un poco terco y no puedo seguir si no tengo una respuesta rotunda, no sabía como encarar el tema pero a la vez algo me decía que no tenía nada que perder, el límite lo habíamos cruzado. No me resistí y antes de navidad le propuse repetir lo que habíamos hecho, y sólo obtuve un “Qué te pasa? Por qué me decís eso”

Casi como si estuviera hablando con otra persona. Guarde silencio, por tres meses, hasta que en marzo recibí un mensaje para saber como andaba y nos vimos, no una sino varias veces, para tomar mates pero nunca tocamos el tema. Y no hablé más.

Después de varios meses de pensar, reflexionar, estar bajoneado, estar feliz, reecontrarme, me cayó la ficha y pude darme cuenta de todas las veces que mi amigo me había estado tirando indirectas y que jamás las había tomado en cuenta, porque el heterosexual era él, “el macho”, el que se levantaba a cualquier mina, el que mejor chamuyaba, porque era mi amigo, porque no le tenía ganas o sí, y nunca lo me lo permití. Y así me di cuenta también que cuando uno cree saberlo todo en realidad no sabe nada. ¿Si hubiéramos podido seguir? No lo sé, al menos lo habría intentado. Pero es así, cuando cruzás un límite no hay vuelta atrás. No se lo bancó y quizás yo tampoco. No nos bancamos más, y así quedó todo en la nada y volvimos a ser dos extraños otra vez, cagones quizás. No quisimos, no supimos, no intentamos.

 

Así pasó casi un año, así pasó una amistad, así pasó.

 

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso. /Antonio Machado

Relatos de los lectores

Un lugar para que todos esos relatos que sean fantasías o no, puedan materializarse y compartirse con todos los demás… Historias que se repiten, pero que tienen el condimento único del que las escribe y las vive, Historias increíbles, y otras que se suman a una terrible y única realidad. Tus historias.

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