Ni en vacaciones encuentro la paz

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Las vacaciones son un momento complicado de mi vida porque a mi esposa no le gusta la playa, el sol, la montaña, el calor, el frio. Prácticamente no le gusta nada de lo que uno hace en vacaciones.
Y a mi, en cambio, me encanta tomarme vacaciones; sobre todo porque me calienta mucho ver gente medio en pelotas durante varias horas por día

Nueva tetera: Baño de Galeria de Lavalle

 

Mario Madrigal

Así que hace unos años hemos llegado a una solución intermedia que es alquilar una cabaña en un complejo con pileta. Ella se queda adentro y yo me voy a la pileta todo el tiempo posible.

En estas piletas hay de todo y para todos los gustos, pero a mi me va todo, he logrado encontrarle el encanto a todo, o a casi todo.

Me calientan las madres y las hijas, y los padres y los novios de las hijas y los hijos y las novias de los hijos y las suegras y los suegros. Me calienta todo lo que anda en traje de baño y recién salido de la pileta, untado con protector y medio arrebatado del sol.

Me producen una especial atracción los culos de las cuarentonas que se creen que todavía están buenas y se entangan unos culos enormes con mucha celulitis en los que metería la lengua sin miramientos durante horas, las tetas flotando en la pileta como globos llenos de crema de leche y los bultos marcados de los veteranos que se quieren hacer los bananas pero ya tienen canas en los pelos del pecho y demasiada panza.

Pero lo que realmente me puede son los pendejos adolescentes que están calientes todo el día y con la pija al palo debajo de la malla.

En general no son los pendejitos lindos, son los que tienen más pinta de perdedores, a los que las guachitas no les dan bola y andan todo el tiempo manoseándose para tratar de que no se les note la pija parada.

Y este año había uno que tenía todas las cualidades.

La madre era una rubia teñida que pensaba que tenía el cuerpo de los veinte años pero de esa época habían pasado ya otros veinte años y veinte kilos, aunque la malla seguía siendo del mismo talle.

Tenía un culo redondo que le rebalsaba de la malla y unas tetas increíbles que amenazaban con salirse en cualquier momento.
Hablaba con acento provinciano y con una voz impostada un par de tonos más aguda que lo soportable.
El padre era un pobre tipo que en algún momento debe haber sido pintón, pero que de esa época solo le quedó el corte de pelo pasado de moda. Andaba todo el tiempo caminando, fumando y con cara de preocupado.

Y el nene era un gordito de unos 16 o 17 años con unas tetas que le colgaban y unos pezones grandes y oscuros que pedían a gritos que se los muerdan, se los chupen, se los babeen y que se los cubran de leche de verga.

Y encima estaba re caliente con una cordobesa +30 con mucha pinta de yiro que estaba con un viejo con pinta de sindicalista. Así que el pendejo se tiraba en una reposera a mirarle el culo a la cordobesa y amasarse la gallina toda la tarde, mientras yo le miraba el culo a la madre y los pezones a él y sentía como los huevos se me empezaban a llenar de leche.

Esto duraba hasta que no aguantaba más, me iba a la cabaña y le entraba a la patrona como a los postres. En los diez días que estuvimos me la coji en doble turno todos los días, y ella agradecida.
Todos los días menos uno.

Esa tarde mi esposa había arreglado para ir a la peluquería con otra huésped que resultó ser la madre del gordito, así que en la pileta me limité a imaginar todas las chanchadas que le podría hacer si fuera legal, y que le haría cuando tuviera edad suficiente.
El gordito, sin la supervisión de la madre, estaba desatado y no dejaba de pajearse por encima de la malla. Se había buscado una ubicación preferencial con vista directa al culo del yiro y oculto de las miradas de casi todos por un arbusto. Así que se amasaba como loco.

Pero el problema llegó cuando se empezó a pellizcar los pezones con la mano libre.
El pendejo ya no registraba que estaba en la pileta y se retorcía las tetillas mientras se mandaba la mano adentro de la malla.
Esto fue demasiado para mi y decidí ir a hacerme una paja al vestuario que tenía duchas cerradas y estaba más cerca que la cabaña.

Estaba en eso cuando siento que alguien entra al baño y le rogué al cielo que no fuera el gordito porque estaba seguro de que iba en cana de una.

Pero no, me asomo y lo veo al padre del gordito meando en los mingitorios.

La curiosidad me llevó a quedarme mirando y ver como terminaba de mear pero seguía firme sacudiendo una buena verga y con los ojos cerrados. Así que salí de la ducha.

El pobre tipo se sobresaltó y trató de meter el paquete dentro del short a las apuradas y con poca suerte.
“Tranquilo” le dije mientras me acercaba a los lavatorios en bolas, con la toalla al cuello y la pija parada y dura como una estaca.
“Yo también estaba en la misma, la rubia esa me vuelve loco. Le chuparía la concha una semana entera”

El papá del gordito se relajó un poco y me dijo “Si, la verdad que está bárbara”

“Dale, seguí” le dije y me di vuelta mirando al espejo. “Sinó te van a explotar los huevos”
Se rió. “No, está bien” y amagó irse.
“Dale boludo” me di vuelta con la pija como el mástil de la bandera de ceremonias. “Mirá, yo también estaba en esa, así que no tengas vergüenza” y me empecé a pajear despacio.

La pija me chorreaba bastante y el chabón la miraba interesado.

“Dale! no pasa nada.” el tipo me miraba a los ojos y a la pija alternativamente.

Me acerqué sin dejar de pajearme. “Dale, te pajeo yo si querés” Me clavo la mirada asustado y comenzó a negar con la cabeza.
Pero ya era tarde, ya se la había agarrado y lo estaba pajeando despacito, para que no se asuste.

Tenía una linda verga, normal de tamaño pero con un prepucio muy largo, así que le cubría el glande con amplitud.

Después de pajearlo un rato comencé con los juegos habituales: frotar glande con glande, cubrir el mio con su prepucio y masturbar a las dos pijas juntas, etc.

El tipo volaba y no paraba de jadear.
“Es la primera vez, no?”; asintió con la cabeza, en silencio.
“Bienvenido al club!”; y bajé a chuparle la pija.
Pero en el medio me encontré con los pezones del gordito!!
Evidentemente el pibe había heredado de su padre esos pezones grandes y oscuros, con las tetillas levemente hundidas y medio como que uno miraba para cada lado.

Me detuve en los pezones haciéndole al padre todo lo que había planeado hacerle al hijo.

Después baje y le chupe la pija un buen rato.

Estaba en eso cuando escucho que habla por primera vez. “Te la quiero chupar”

No hay caso, no hay tipo, por más activo o hétero que sea que si le chupas la pija un rato no quiera chuparla él también. Si querés que te la chupen y se complica, chupala y vas a ver como te la terminan chupando.

“Si, pero vamos a las duchas”

Así que fuimos a las duchas y ahí se agacho y se prendió a mi verga con desesperación pero bastante bien por ser la primera vez.

Chupo un buen rato, le cogí un poco la garganta pero casi vomita, así que lo dejé. Y cuando sentí que ya estaba por acabar lo agarré de los pelos y me empecé a pajear para acabarle en la cara. El tipo, como si supiera, cerró los ojos y abrió la boca. Se ve que es un instinto, no?

Le mandé el primer chorro a la cara y la boca. Pero el resto fueron a cumplir la fantasía de cubrirle las tetas de semen al gordito.

Después de que me la limpió con la boca lo hice parar, abrí la ducha y me apoyé contra la pared.

Lo puse de espaldas, lo recosté sobre mi pecho y le froté el suyo con mis manos para limpiarle la leche que le había quedado entre los pelos.

Después baje una mano y lo masturbé mientras con la otra le pellizcaba las tetillas.
La pija se me empezó a parar de nuevo y el lo sintió entre sus nalgas. Inesperadamente se las abrió para que mi verga se ubicara entre ellas y le rozara el culo.
Y así acabó, una barbaridad de semen cayó en el piso de la ducha y se fue por la rejilla.

La verdad es que yo ya estaba listo para otra vuelta y la puerteada me había dado ganas de encúlarmelo, pero se terminó de lavar y salió sin decir nada.

Esa noche vi cómo preparaba el auto para volver a su pueblo.
Antes de irse pasaron por la cabaña nuestra, saludaron como si nada hubiera pasado. Muchos besos, abrazos, y antes de irse me dice: “¿A vos te gusta pescar?” .
“Nunca fui” le dije.
“Bueno, entonces arreglamos para que nos vengan a visitar. Así ellas se juntan, charlan y van a la peluquería y mientras tanto nosotros nos vamos al río a pescar. Conozco un par de lugares que no va nadie” Y recalcó lo de “no va nadie”

Mario Madrigal

En una época era gerente en una Multinacional, y por esas cosas de este país hoy soy tachero de tiempo completo. Casado. BI. Mi creatividad es mi pasión y principal motor en la construcción de cualquier cosa. Busco siempre descubrir lo oculto, lo intangible, el doble sentido o lo subliminal. Me encantan las historias callejeras…

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