Los turcos del Chuy: Cuando lo prohibido se vuelve tentador

Compartir

Fred Barbas
Fred
La ciudad de Chuy queda a más de 300 Km. de Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay que es mi país. Chuy limita con el Brasil, y solo hay que cruzar la calle para cambiar de país. Es por esto y por los free shops que es un lugar turístico muy concurrido casi todo el año, pero especialmente en los meses de verano donde literalmente la ciudad desborda de gente.

Tanta gente que a veces los comercios tienen que cerrar las puertas para atender a todo el público, y la gente sigue haciendo fila y vuelven a llenarse y así sucesivamente. Vale la pena porque los precios son libres de impuestos del lado uruguayo y como el real está bajo hace años prácticamente todo el año recibe gente. O sea, es una ciudad de compras, fronteriza, donde uno consigue lo que quiere y/o puede comprar.

Lo especial que tiene la población de Chuy es la mezcla qué hay. Obviamente viven uruguayos y brasileños y la cultura fronteriza se va formando bajo la influencia de otras personas de las nacionalidades más variadas. Últimamente están llegando dominicanos, venezolanos pero también angolanos, senegaleses y nigerianos. Hay de todo, como un crisol de razas y costumbres donde pasa algo que no ocurre con el lenguaje en otras fronteras, la influencia del español es más fuerte que el portugués por lo tanto el portuñol (mezcla de portugués y español muy hablado en otros lugares fronterizos) no es común.

Cómo iba contando, en el Chuy tienes desde los judíos, a mi familia que mi abuelo se vino de Rumania y se casó con una uruguaya, al obrero uruguayo que fue a construir un free shop en una obra, se enamoró de una brasilera negra se quedó y se casó o los típicos profesionales uruguayos y brasileños que no se como, pero hacen Plata.

Igual hoy les voy a contar de mis amigos los turcos. Hay una gran comunidad islámica en la ciudad. Hay de todas las nacionalidades, muchos palestinos pero también egipcios, sirios o jordanos. Hay gente de donde uno quiera o se imagine. Con sus tradiciones, la mayoría de las mujeres grandes usan el velo ya que solamente le muestran el cabello a su hombre, quien sigue teniendo el poder sobre ella y la opción incluso de tener una segunda esposa. Esto es común y conviven con muchos hijos en esas mansiones que tienen en su barrio además de tener sus negocios por toda la ciudad. En el Chuy no importa la nacionalidad del musulmán, a todos les decimos turcos. Ahora hay una oleada de mujeres musulmanas hermosas, que son más abiertas y usan el pelo suelto. Que usan mucho oro todos los días, se visten al último grito de la moda y están muy occidentalizadas. Eso si, casi todas son muy paridoras, tienen 4 o 5 hijos mínimo.

Lo qué pasa que el turco es muy caliente y muy sexual y cada vez que puede la pone. Tengo una amiga de la infancia que se casó con el dueño de un súper y está en Palestina y aún comparte cosas íntimas conmigo y me dice que su marido es insaciable y lechero. Además de estar divino. Viven alzados y mi amiga me cuenta que allá donde ella vive es peor aún y que sus cuñados muy tradicionales se excitan solamente con verle la pantorrilla a una mina, porque no están acostumbrados a que la mujer se exhiba porque ellas tienen pánico de que “las tiren a los vientos”, o sea que su marido la deje.

Los turcos son la mayoría muy lindos y de jóvenes antes de hacerse cargo de los negocios de sus padres los mandan a recorrer el mundo y estudiar unos años. Por eso mi amigo el Jammil estudio inglés en Londres en la universidad de Oxford, luego mintió en la casa que iba a estudiar administración de empresas a Murcia que me dijo que es la ciudad más musulmana de España, pero anduvo hasta por Francia, Italia y también Holanda y no estudió nada.

Jammil es un hombre chiquito de físico, flaquito, tan simpático que cuando sonríe parece que se le ilumina la cara con los dientes hermosos que tiene. Yo lo conocí a él y a sus primos en un bar de mi pueblo, todos fumando narguile con sabor a manzana y conversando animadamente en su lengua. Todos lindos realmente. De esos el más bonito es el Mustafa que le dicen Mussa. Cuando yo los conocí, me llamo mucho la atención ver tanto turco lindo, todos muy masculinos, menos Mussa. Al contrario de los otros que eran de tez oscura (color aceituna como les dice una amiga que coge turcos), Mussa es rubio y de ojos azules. Hijo de una “cruza” de un turco con una mujer brasilera (que en el sur de Brasil son muy grandes y muchas las comunidades de inmigrantes alemanes). Mussa además de ser hermoso, con rasgos árabes pero rubios parecía que no encajaba con el resto del grupo. Ocurría que Mussa era “viado”. Así le dicen los brasileños a los gays en forma despectiva, “viado” significa “venado” y viene por “Bambi” el ciervito de Disney.

En todos nuestros encuentros con los turcos del Chuy, yo notaba que me miraba raro. No me quería. No le caía bien. Mucho tiempo después con el contacto y amistad con Jammil, me vine a enterar que Mussa creía que yo era competencia. Ya que el ser homosexual es prohibido por el Coran pero como lo prohibido se vuelve tentador, este grupo de turcos agarraba al Mussa para enfiestarlo. Se lo cogian todos, con bukkake incluido en grandes fiestas en la casa del Samid, otro divino que también era soltero y dueño de 3 farmacias. La verdad me hubiera gustado mínimo mirar esas fiestas de machos haciendo cosas prohibidas, tan religiosos y extremistas pero tan pecadores a la vez. Así como el Sexo anal tienen prohibido la carne de cerdo (por eso comían chivitos, el típico sándwich de carne uruguaya “sin jamón y sin panceta”) o el alcohol y las drogas. Pero creo que lo único que respetaban era lo del jamón.

Luego de tener confianza y amistad, me pasaban a buscar por La Coronilla en esos autos imponentes, para ir a bailar a Punta del Este. Porque turco joven y con Plata a veces se marea con la plata y la tiran o la disfrutan y terminábamos todos en alguna fiesta TOP en Punta. Fueron veranos divinos. Y vale aclarar que Mussa nunca me dirigió la palabra y que yo a los chicos les presentaba mis amigas y uno hasta se enamoro de una pero ella no lo quiso.

Jammil era un turco hermoso. Flaco y chiquito. Muy cogedor y según decían dotado. Aparentemente estaba comprometido desde los 11 años con una chica que no conocía, había estudiado administración de empresas tenía un supermercado enorme, camiones, una estación de servicio. Muchas minas y le gustaba estar siempre arreglado, bien vestido, de marca. A Jammil le encantaba hablar inglés conmigo y corregirme, pero con buena onda siempre. En realidad Jammil era buen tipo solo que “mal criado”. Joven y exitoso, tan rico y derrochón, tomaba whisky en público (porque era un rebelde, decía)

“Y vos, Fred, como sos gay y no te comen el culo” me vivía diciendo. En su mente y a pesar de tanto mundo recorrido no entendía que el gay podía ser activo como yo. Eras esto o aquello. Sin grises. En general era siempre muy serio pero detrás de aquella seriedad era muy divertido. Quería joda, baile, mujeres y droga todos los días del verano. Y culos de hombres pues era adicto al sexo anal. Le gustaba la dominación que ejerce el activo sobre el pasivo y tenía alguna ropa de cuero y juguetes. Todo producto de sus estudios en Europa. Jammil cuando regresó, volvió al Chuy con una cabeza muy abierta. Todos sabían que el amaba las colas de los tipos pero ninguno de sus primos opinaba, ni Mussa.

Una noche en Maldonado, luego de una fiesta en el Conrad, perdimos a Jammil. Lo buscamos y no lo encontramos por lo que el Mussa dijo que íbamos a pasar el día en Punta, hizo unas llamadas para arreglar que les abrieran los negocios los gerentes y encargados en el Chuy y decidió que hasta que Jammil no apareciera no nos íbamos. Yo llame al hotel de mi abuela donde trabajé mil temporadas de recepcionista y también arreglé y nos quedamos todos en un apartamento alquilado por el día, esperando al turco Jammil, desaparecido. Mussa su primo estaba casi como una esposa abandonada puteando en árabe, enojado.

Yo tenía un celular Nokia 1100. Era terrible aparato en esa época. Le marqué varias veces a Jammil, mi amigo su cel con numero uruguayo y no respondió. Entonces me acosté y vino Mussa se acostó en la misma cama que yo y no nos tocamos. “Donde están los otros?” Pregunte. “Los cinco están cogiéndose a dos putas que levantaron en el baile, van a seguir de fiesta”. Verlo a Mussa así con esas facciones hermosas acostado en mi misma cama hizo que se me erizaran los pelos del cuerpo y pensé en tocarlo, rozarlo o apretarlo. Pero cuando pensé en hacer algo, lo miré y estaba dormido.

“Bueno me hago una paja en el baño y me duermo yo también mientras Jammil no viene” pensé.

Alrededor del medio día me suena el Nokia 1100. Llamada de Jammil que pregunta dónde estamos.

Le digo y me dice que llega en un rato, que lo espere para ir a desayunar.

Cuando lo encuentro, esto exactamente es lo que me narra:

El sonido de una sirena a lo lejos y el ruido incesante y creciente proveniente de la calle entraban a raudales por la ventana del cuarto de hotel barato de Maldonado, ahí cerca de Punta del Este pero lejos del glamour de la península. La luz del día apenas era filtrada por una vieja cortina gris, sucia y mal colgada; serían aproximadamente las once de la mañana.

 

Sin embargo, pese al ruido y a lo avanzado de la mañana Jammil tendido en la cama apenas daba señales de vida, dormía pesadamente, boca abajo, completamente desnudo. Golpes fuertes en la puerta avisaron al ocupante del cuarto que el tiempo había terminado y lo sacaron lentamente de su letargo; se movió muy lentamente girando en la cama incorporándose hasta sentarse, mientras con ojos entrecerrados miraba a su alrededor.

Al sentarse en la cama de repente volvió a la realidad, su ropa estaba tirada por todo el cuarto, también habían colillas y una media botella de whisky, latas de cerveza y restos de marihuana como recordatorio claro del sitio donde estaba y de lo que había hecho la noche anterior, por lo menos, de aquellas cosas que podía recordar, le dolía el cuerpo, en especial su espalda y el culo, en el espejo del baño pudo constatar que tenía moretones en los hombros y sus manos dieron fe del dolor que sentía en el culo. Miro a su alrededor, forros usados llenos de leche.

Todas las imágenes de la noche anterior se hicieron presentes entonces golpeando fuerte en su memoria; su llegada al bar, el encuentro con el hombre bajito y musculoso en la barra, las cervezas que se tomó, y si, su llegada al hotel. Sonrió para sus adentros mientras movía su cabeza en señal de confirmación, en conclusión, se había traído al macho al cuarto para culearselo toda la noche, pero ahora recordaba como había sido éste quien le había pegado la culiada del siglo.

Su sonrisa, sin embargo, se desdibujó un poco al recordar los detalles de la noche, porque en definitiva, aquello tenía toda la pinta de una violación.

El hombre, bajito, delgado, buena pinta, estaba sentado en la barra fumando con una cerveza al frente; Jammil desde que llegó al bar le puso el ojo al bajito y se alejó de todo su grupo de primos y amigos y en escasos veinte minutos entabló conversación con el hombre, le invitó tres cervezas, se tomó un whisky, le agarró la entrepierna y una vez verificado con ambas manos que lo tenía tan erecto y cachondo como para llevarlo al hotel, salió de allí en los siguientes quince minutos. En el hotel, conocían perfectamente a Jammil sabían de su fama de cogedor de putos y que prácticamente en verano noche por medio se aparecía con un muchacho afeminado al que mas tarde escuchaban gritar en el cuarto mientras le clavaban; por tal razón, esa noche el administrador tras el mostrador puso cara de extrañeza, de un lado era bastante temprano, apenas iban a ser las diez de la noche, y de otro, el hombre, bajito, buena pinta, de blue jeans y camiseta negra, era todo lo contrario a lo que Jammil llevaba allí, sin embargo el hombre tomó el dinero que pagó Jammil y guardó silencio, sonriendo para sus adentros y pensando con acierto, que no hace falta ser amanerado para dar el culo.

Ya en el cuarto Jammil y Camilo que así se llamaba el hombre bajito que era porteño, se quitaron la ropa y se dieron un baño cada uno por su lado, exigencia de Jammil quien lo hizo en primer término, de manera que no pudo darse cuenta de los hechos que marcarían la diferencia esa noche; el invitado, desnudo, erecto, con el cigarrillo en sus labios, destapó dos cervezas de las que habían llevado al cuarto y con destreza dejó caer en una de ellas una pequeña pastilla efervescente.

Jammil no tuvo recelo en recibir la cerveza de manos del hombre que tenía al frente “prefiero whisky” dijo “pero esta nafta igual me sirve”, otras cosas pasaban por su mente, el cuerpo del hombre delgado, definido, tan erecto como un cañón mientras se dirigía al baño; se sentó a la cabecera de la cama a esperar al amante, pero para entonces con la cerveza a medio consumir ya el cuarto le empezaba a dar vueltas, sin embargo todavía no sospechó nada del invitado y para cuando éste salió del baño se limitó a simular que todo estaba bien.

Sin embargo, nada estaba bien, Camilo, el bajito buena pinta a quien Jammil había llevado al cuarto convencido de que lo clavaría como a todos los que salían con él, le devolvió la sonrisa bobalicona mientras se dirigía a su lado en la cama, totalmente consciente del estado de atontamiento en que éste se encontraba, se sentó a su lado, guió su mano para que terminara de beber su cerveza y comenzó a tocarle su sexo erecto, le besó en el cuello y bajo por su pecho hasta su pelvis. Estando allí, Jammil no puso resistencia a las manos que lo pusieron boca abajo en la cama, como tampoco se percató de que el muchacho le estaba atando con las sabanas las manos a la cabecera de la cama.

El hombre se tomó un descanso, Jammil sonreía débilmente con los ojos entrecerrados y a estas alturas no sabía de donde. Para cuando Camilo le separó las piernas y le ató por los tobillos también a la cama, prácticamente estaba dormido, su cuerpo rendido y casi inconsciente excitaron aún mas al muchacho puesto que comenzó a masturbarse mientras contemplaba desde atrás el culo de Jammil. Así estuvo un rato, contemplado el cuerpo, rodeando la cama, masturbándose a ratos, sonriendo, disfrutando del cuadro que ofrecía aquel macho totalmente a su merced, mientras analizaba cada uno de los movimientos con los cuales se comería aquel culo apetitoso.

No esperó mucho, se trepó sobre el cuerpo y tomándole por el cabello le sacudió la cabeza para despertarlo, Jammil abrió los ojos pero no opuso resistencia, sonreía.

-¿Cómo te sientes? ? Le preguntó al oído- ¿Estás cómodo?

Jammil no contestó, sin embargo empezó a tomar conciencia de que le estaban lubricando el culo, cuando sintió los tres dedos de la mano derecha de Camilo entrando suavemente allí, separando sus nalgas y preparándolo para la cogida. Sin embargo estaba lento, muy lento, no coordinaba, apenas alcanzó a recular un poco cuando sintió el dolor por la incesante entrada y salida de los dedos en su trasero.

-¿Ahora si sientes algo amigo?- Volvió a preguntarle desde atrás mientras le metía los dedos una y otra vez- ¿Qué se siente estar ahí, así, todo para mi?

Jammil no contestó, solo gimió cuando se percató que Camilo lo estaba penetrando suave pero sin contemplaciones, se frunció contra la cama mientras el muchacho acababa de entrar con todo la extensión de su sexo, en su cuerpo, con fuerza, pero ya no pudo hacer mas. Sintió como el hombre se apoyaba en las manos sobre sus hombros y espalda, sintió como lo clavaba profundo y largo encaramado sobre su cuerpo, apoyado en sus rodillas, le dolió pero no pudo resistirse. Para cuando Camilo eyaculó adentro de un forro que se había puesto cuidadosamente prácticamente media hora mas tarde, Jammil ya no sintió el chorro de líquido caliente estaba inconsciente, dormido, totalmente clavado.

Camilo se levantó lentamente, contempló un rato el cuerpo de Jammil sobre la cama, le acarició y lentamente le desató manos y pies. Sin embargo lo dejó boca abajo y mientras, sentado y todavía desnudo, bebió otra cerveza sonriendo satisfecho de haber consumado su trabajo, el macho alfa, el turco cogedor de locas finalmente conocía las delicias de una buena clavada.

Antes de las dos de la mañana Camilo terminó de beber la cerveza que Jammil había llevado al cuarto convencido de que lo emborracharía y clavaría; cuando pasó por la recepción el administrador no hizo ninguna pregunta, todavía quedaba pila de tiempo, bastante tiempo, no fue sino hasta las once de la mañana pasadas, cuando tocó fuerte a la puerta del cuarto despertando a Jammil de su letargo y con el culo adolorido.

Pasaban las doce del medio día cuando Jammil haciéndose el desentendido salió del hotel, había cosas que no recordaba muy claramente, pero otras, como las palabras de Camilo preguntándole como se sentía, el cuerpo desnudo de éste a sus espaldas mientras le cogía, los moretones en sus hombros y el culo adolorido eran recuerdos muy nítidos y confusos en su mente, sentía rabia, se sentía impotente ante lo sucedido, pero al mismo tiempo, mientras caminaba a encontrarse conmigo también sentía lo excitado que estaba.

Fred Barbas

Tengo 40 años y vivo hace 7 en MVD en mi segunda temporada. Soy de Rocha, bien al este de Uruguay. Pero soy profesor de Historia y de inglés este año cumplo 20 años en la docencia, he trabajado con el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA en dos proyectos. ESCRIBIME freddy2013uy@gmail.com

Compartir

One Reply to “Los turcos del Chuy: Cuando lo prohibido se vuelve tentador”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE