Las teteras de la dictadura.

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Ale KMe llamó mucho la atención la nota sobre la extinción de las teteras. A la pregunta: ¿Las teteras están en extinción? Creo que nadie va a dudar cuando se sabe de antemano la respuesta: “SI”

¿Por que? Porque el concepto de teteras tiene que ver con algo revolucionario y contracultural que nació en forma intestina para resistir, tal vez la resistencia de la que tengamos memoria más cercana sea de la Dictadura, pero esto viene de antaño. Hay una tradición que conjuga baños y erótica. Graffitis eróticos en los saunas de Pompeya. Hitos como la decisión del emperador Adriano de separar a los hombres y a las mujeres para bañarse en las termas romanas. Hasta hay una escena del Eutidemo de Platón donde un grupo de muchachos –y el viejo Sócrates, por supuesto– en los vestuarios del gimnasio van cambiando de sitio para tener la mejor vista y poder contemplar al bello joven Klinias.

El baño de la estación Constitución en la época de la dictadura.

La última dictadura

En situaciones de represión y disciplinamiento, la resistencia puede adoptar las formas más inesperadas, impregnando de politicidad nuestras prácticas cotidianas.

Nos habían quitado casi todas nuestras libertades, pero no podían con nuestro deseo. En medio del territorio del enemigo, las razzias, las patrullas y las gorras; los gays nos las arreglábamos para tener encuentros sexuales clandestinos en los lugares más insólitos: baños públicos, (aquí en este momento, nace como concepto la “tetera”), andenes de trenes (los baños de esos andenes), una isla del Tigre e incluso un dormitorio de la comisaría de la Casa Rosada.

Elaboramos nuestros propios códigos, nos intuimos, reconocimos, dialogamos sin hablar, con el cuerpo, con la mirada, los gays hicimos de eso un CÓDIGO, nos mostrábamos el llavero para decir: “tengo lugar” y rescatamos de la muerte acaso el último sentido gay comunitario que restaba por destruir. No pudieron.

Ariel un paciente de unos 70 años me contaba hace poco que estando yirando en el baño de la estación Flores, del ferrocarril Sarmiento, allá por el  ’78 – recuerda que fue el mismo día de la final de Argentina con Holanda, se le apersonaron unos hombres con campera de cuero pegada al cuerpo y anteojos Ray Ban, y que automáticamente supo eran de los servicios, lo rodearon, cuando el estaba parado en un mingitorio esperando que orinara, cuando esto no ocurrió, lo llevaron detenido a un lugar que no supo precisar (parecido a un taller) donde lo sometieron a todo tipo de torturas, cuenta que en la actualidad tiene problemas para miccionar porque le metieron la picana en la uretra, testículos, encías, ano, ganglios, pero al mismo tiempo no se explica porqué estaba tan fascinado con la persona que lo torturaba, un joven hermoso de unos 30 años que le quería dejar en claro a los gritos, que el puto era él, que si seguía excitado lo iba a seguir torturando. Recuerda que en ciertas oportunidades que sus cuerpos se tocaron el torturador tenia una vivaz erección, que muchas veces era simplemente visible por los pantalones ajustados que se usaban en esa época.

El placer que siente el poderoso al ejercer su dominación, es correspondido por el goce del dominado al escamotearla. Aunque en este último caso, no sin antes haber tenido que convertir al mismo miedo en un elemento más del goce. Ese miedo que constantemente estremece el cuerpo para señalar la ausencia de poder. Lo que hoy se ha convertido en #morbo y #adrenalina, términos que aparecen a diario en vuestros comentarios.

De este modo, resistencia y goce aparecen enquistados uno en otro volviéndose indiferenciables, tanto como el miedo y el placer. Siguiendo a De Certeau, podemos apreciar a los gays elaborando ingeniosamente ardides y tácticas, conformando un ambiente de antidisciplina. Aún estando atrapados en las redes de vigilancia. De hecho lo estamos hoy al registrarse todos nuestros movimientos por medio de cámaras. Resistiendo en el sistema y aún apropiándose de él mediante una cultura del “desvío” que les daba a las cosas un sentido distinto del que originalmente se le había asignado. De esa época lo único que tal vez queda y nos rememora es esa sensación de vacío cuando todo se libera, cuando todo “acaba” y volvemos por fin a nuestra vida diaria. ¡SI! Las teteras como tal, se han extinguido.

Recomendable lectura del retrato de esta época, Fiestas, baños y exilios, el libro de Alejandro Modarelli y Flavio Rapisardi que da cuenta a través de testimonios de la resistencia de los gays porteños durante la última dictadura.
Ale K

Licenciado en Psicología y Abogado (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión. Trabaja con pacientes HIV, con parejas y varones gays. Es comunicador radial distinguido por divulgar la cultura lgtb. Tratamientos analíticos: Individuales adolescentes y adultos; parejas y grupos. Contactate a través de www.psiquiskype.com

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