La yegua al corral para que la monte el padrillo

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Gabriel ArancibiaHace unos años trabajaba en una multinacional y tenia de compañera a una mina re macanuda que era de la oligarquía formoseña con una energía espectacular, yo me andaba separando de un  tipo que me tenia loco y recuerdo que ella siempre tenia una palabra amable y estaba ahí para levantarme el ánimo. Siempre decía frases o refranes que supongo eran de “tierra adentro”, porque detrás de toda la finura que trasuntaba y la femineidad que la caracterizaban se mandaba cada tanto alguna guarrada.

Yo vivía en Barracas y ella en Recoleta, a veces cuando me veía mal no me preguntaba nada, pero me proponía ir a la casa y me hacia chipá o una cena con vinito, creaba ambiente, y siempre me contaba alguna anécdota de su Formosa natal, sabia que yo era gay. 

Una vez la llevé a bailar a AmeriKa, nos matamos de risa, cada vez que yo me mandaba para el lado del túnel y la dejaba bailando sola, ella me decía:

“¡¡Ahora va la yegua al corral para que la monte el padrillo!!”

Reíamos,  yo me ausentaba un rato, pero al tiempo volvía y ahí estaba Inesita esperándome.

Cierta noche después de una salida a no sé donde me pregunta si me quedaba en su casa a dormir, algo que hacia frecuentemente porque tenia habitación para mi solo, le dije que si.

Cuando estábamos llegando me dijo: vino mi hermano de Formosa que se va a quedar una semana, tal vez tengan que compartir el cuarto, sino que duerma en el sofá.

Al subir, ahí estaba el hermano viendo tele, en shortcitos porque hacia calor y no había prendido el aire, un terrible macho hermoso, de barba, al que no podía dejar de mirar, me lo presentó, me sentía raro y turbado por no poder ocultar lo que me pasaba, Inesita creo que se daba cuenta y propuso tomar fernet.

El flaco se fue soltando y era un pibe tranqui, de unos 26 años, que tenia un olor a macho increíble con ganas de todo… se le notaba, cansado de las siestas y la paz de provincia, había venido a Buenos Aires para ver que se conseguía… 

Mi amiga le comenta que habíamos ido a Amerika y a él le “habían contado del boliche” -me palpitaba el cuore-, se fue haciendo tarde y había que preparar los lugares para dormir, Inesita como quien no quiere la cosa dice que durmamos en la habitación donde siempre dormía yo porque el aire acondicionado funcionaba mejor que el del comedor y dispuso las camas.

Cuando llego el momento de sacarnos la ropa el me hizo un comentario que me puso aún más nervioso: “tranquilizate, sacate la ropa que no me vas a mostrar nada que no haya visto”, yo me levanté y con short fui a lavarme los dientes al baño, cuando salí del mismo y me disponía a volver al cuarto, Inesita me dijo:

“¡¡Ahora va la yegua al corral para que la monte el padrillo!!” empezó a reírse y cerró su puerta… 

pansexualismoDesorientado. Me sentí entregado. Cuando llegué al cuarto el hermano estaba en la cama tapado con una sabana, desnudo, con las manos cruzadas en la nuca y me dijo: mi hermana sabe todo y no porque yo le haya contado algo… Se imagina que me gustan más los chorizos que los pescados, acto seguido me metió una mano en el culo y me empezó a besar, mientras me dedeaba el asterisco,  nos la pasamos cogiendo toda la noche…

Según él, nunca había estado con un flaco. Pero tenía actitud.

Recordé esto hoy porque me volví a encontrar con este pibe el sábado en el túnel de Amerika, nos miramos nos besamos y lo ordeñe de la forma más guarra que existe, -si a veces soy fácil-.

Hoy va a venir a comer a casa, preparé cena, pero tal vez me coma a mi.

Gabriel Arancibia

Periodista, máster en Letras y doctorando en Estudios del Lenguaje (Univ. Siglo21). Activista LGBT y editor, corresponsal en Córdoba de Usandbath.com y Dambiente.com

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