La primera vez de Federico.

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Relato de los lectores | Chico bello | La primera vez de Federico.

– me duele, pará, pará! Dijo con desesperación.
– va la mitad fede, es un toque más.
– No, no pará.

analSaqué mi verga y volví a meterla nuevamente en segundos, fui alternando las entradas mientras lo besaba.
En un momento y con un empujón seco se la metí hasta los huevos.
Gritó con dolor. Acaricié sus labios con mis dedos, lo besé y sin sacársela le dije:
– Aguantala unos segundos así, yo no me muevo. Pero una vez que el culo se adapte al tamaño de mi pija te juro que no te va a doler más.
– No, no pará por favor, me duele.
– En serio papi, en un toque, si el dolor no desaparece de a poco te prometo que la saco y no sigo. Confiá en mi, no te voy a lastimar.
Mis palabras ronroneantes lo calmaron y se entregó a mí. Su rostro fruncido aguantando la nueva sensación en su culo fue amainando con los segundos. En esos momentos comencé a moverme lentamente dentro de él. Una combinación equilibrada de movimientos con la disminución de su dolor.
Seguí así hasta que mi miembro entraba y salía con total soltura. Federico comenzaba a experimentar ese cambio de sensaciones de dolor por uno de placer.
Nos besábamos intensamente, pellizcaba sus tetillas, acariciaba su pecho y masturbaba su pene otra vez duro como una piedra.
Federico se movía a mi ritmo empujando su pelvis contra mi verga, acariciaba todo mi pecho, mi culo, mis piernas empapadas de sudor sexual.
No paramos un segundo durante varios minutos. Él dejó mi cuerpo para masturbarse con violencia y yo penetraba su culo en un mete y saca completo, frenético, con estocadas profundas. Nuestros cuerpos palpitaban sincronizadamente, el orgasmo a flor de piel nos atrapó en un momento único.
Saqué mi verga y velozmente masturbándome sobre él acabé con desmesura, con violencia, con un orgasmo que me hizo gritar como un gol de mi equipo de fútbol en una final. Mi semen se mezcló con el de Federico salpicando todo su pecho, su cara, su pelvis, su pelo y algo más allá por la alfombra. Siempre eyaculé mucha cantidad, normalmente suelo largar no menos de 5 o 6 chorros potentes de guasca a buena distancia, pero esta vez tuve algo inusual, algo demasiado explosivo. Sinceramente no llegué a contarlos pero a juzgar por como pinté sexualmente ese lienzo en blanco que significaba el cuerpo de Federico, no menos de 14 chorros de semen había expulsado sobre él.
Su acabada tampoco fué leve como la esperaba, teniendo en cuenta que ya iba por la segunda en pocos minutos.
Bajé a su pene que aún latía, lo chupé juntando el semen que chorreaba de él y subí a su boca arrastrando mi lengua desde su abdomen hasta su pecho juntando toda la leche a su paso. Nos besamos con mucha intensidad intercambiando fluidos de una boca a otra.
Volví a echarme hacía atrás y esta vez junte leche con mi verga aún erecta de su pecho y se la acerqué a su paladar el cual no hizo asco al regalo. Siguió chupando con ganas como si nunca hubiésemos acabado, la chupó con las mismas técnicas que había aprendido de mí minutos antes. Comencé a mover mi pelvis en su boca, acompañando la mamada que me daba Federico. Su lengua empezó a moverse con una aceleración increíble sobre la cabeza de mi pija y al cabo de varios minutos volví a eyacular, no con tanta intensidad y volumen, pero si con una sensación feroz de que la próstata iba a salirse por mi orto. La poca guasca que no tragó fue la que cayó sobre su rostro cuando sacó mi poronga de su boca. Las últimas gotas cayeron allí y si el porno me enseñó algo para estos casos, es que hay que desparramarlas por los labios con la punta de la verga. Eso hice para después terminar de limpiarlo en un beso profundo cargado de un final de ternura cuando nos miramos a los ojos.
Poco puedo contar el después de todo este polvo. Volvimos a hacerlo varias veces más pero nunca tuvimos, al menos yo, la adrenalina y el nivel de testosterona que tuve corriendo por mi cuerpo esa primera vez con Federico.

La primera vez de Federico.

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