La fragilidad de los histéricos.

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Narciso frente al espejo: se encandila tanto por su belleza que al final,
se ahoga en su propia imagen. Hay hombres que nos llevan del encanto
a la decepción sin escalas.  No es casual que una marca de ropa
interior gay lleve ese nombre.  Qué buscamos realmente?

Por Ale K – En el área emocional creen brindar mucho amor, cuando en realidad hacen una exhibición “teatral” de los afectos. Una entrega y prodigalidad de la que esperan ser correspondidos con creces, aunque las parejas nunca logran saciar sus demandas, siempre insatisfechas.

En el área sexual observamos un sinnúmero de conductas conflictivas que favorecen la aparición de disfunciones sexuales: preocupación por el rendimiento sexual, torpeza para el juego previo, actitud “pasiva”, escaso registro de sus sensaciones eróticas, etc.
El tipico “macho” que se tira en la cama con las manos en la nuca y sonriendo dice: mamá.

No están a la altura de lo que prometen. “Mucho ruido, pocas nueces”, “me prometió un manjar y me hizo comer migajas”. Van derecho a la penetración, sin juego previo, donde el dolor que pueda sentir el partenaire no importa, solo sacian su propia necesidad.

No hay histeria sin cuerpo. El cuerpo ocupa un lugar privilegiado en la manifestación del estilo de personalidad. Resulta paradójico que tanta movilización corporal sólo sea una fachada preparada inconscientemente para los demás, una especie de “pantalla” en la que se proyecta un mundo ilusorio que capta la atención y el afecto ajeno.

La fragilidad del mecanismo es tal que ante mínimos fracasos la “pantalla” se quiebra y  queda al descubierto la inseguridad encubierta. Tanta muestra corpórea “para afuera” merecería un contrapeso, un anclaje interno, que, en caso de existir, “sanaría” la conducta.

Pero tenemos que definir que es la histeria, no como patología, ya que aquí no lo vemos como una enfermedad sino como la postura que un individuo toma frente a una situación. Según la psiquiatría clásica la histeria se vincula con el deseo, más precisamente con el deseo del otro. Es decir, nos convertimos en un estereotipo para lograr seducir al otro, tiene que ver con crear una fantasía en el que nos mira y para esto además tomamos cierta distancia, porque lo que más seduce es lo que parece inalcanzable. A esto yo denomino histeria, al deseo  no expresado y reprimido  por falso orgullo.

En un boliche, el deseo está a flor de piel, sobre todo el deseo de que alguien nos conquiste. Lo cierto es que si todos esperamos ser conquistados, ¿quién hará el papel de conquistador?

Los hombres histéricos son dependientes: necesitan imperiosamente de los otros, seducen a “todas y todos”, son irresponsables en el compromiso, se aburren fácilmente y son impredecibles en sus emociones.

Para Freud el motivo distintivo que gobierna el comportamiento de los histéricos es el “temor a la pérdida del amor”, a partir del cual se vuelven  extremadamente dependientes de las personas.
 
Ale K

Ale K

Licenciado en Psicología y Abogado (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión. Trabaja con pacientes HIV, con parejas y varones gays. Es comunicador radial distinguido por divulgar la cultura lgtb. Tratamientos analíticos: Individuales adolescentes y adultos; parejas y grupos. Contactate a través de www.psiquiskype.com

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