Esos días de verano.

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Mateo Saavedra

Mateo

Hace unos años en mis primeras vacaciones con amigos y sin familia fuimos a la costa a unos departamentos frente al mar, éramos varios y también había otros conocidos parando en playas cercanas.

Un día por el mediodía me toca ir a centro , que no debía tener más de cinco cuadras de largo, a comprar comida y bebida. Antes de entrar al súper veo un señor lavando su auto, rondaba los 40 años era pelado y estaba bronceado, me mira de reojo probablemente porque notó que lo miraba, yo corro la mirada y entro a comprar. Cuando salgo el señor estaba en un banco cercano sentado con la musculosa al hombro y las piernas abiertas. En ese momento yo no tenía ni idea de la movida del cruising y menos de mis confusos deseos sexuales por lo que lo ignore sin mucho éxito ya que al darme vuelta un par de veces el señor miraba en mi dirección.

Los días pasaron y ya se terminaba las vacaciones sin que yo volviera a cruzarme ni con el señor ni con nadie que se me insinuara por lo que ya me había olvidado un poco de la idea, una mañana fuimos con un amigo a una panadería y como estaba muy llena él se quedó adentro y yo esperando afuera, en eso que estoy ahí se me acerca un cachorro de perro cocker así que me agacho para acariciarlo y jugar con el perro, cuando levanto la vista para ver a la persona que tenía la correa entre asombrado y asustado reconozco al señor que estaba lavando el auto. Me saluda y me conversa, yo muy nervioso contesto como puedo mientras miro para adentro para ver si mi amigo me estaba viendo pero a él todavía le faltaba para que lo atiendan así que no estaba prestando atención.

Apenas miro al señor mientras me pregunta si estaba con mi familia y me dice que me había visto antes , a lo que le respondo que estaba con amigos y que yo también lo había visto. Se sonríe y me pregunta si quiero hacer algo, le digo que ahora no puedo que mi amigo está adentro, pero me doy cuenta que también es ahora o nunca pero ya nos estábamos por ir. Le digo que nos veamos en una hora a una cuadra de donde estaba parando, no le dije exactamente dónde era porque caliente pero no boludo , me dijo que estaba bien y que me esperaba ahí.

Durante esa hora estuve muy nervioso, había calculado decirles a todos en la playa que tenía que ir al baño y encontrarme con el señor, si alguien quería ir conmigo o usar el baño también se arruinaba mi plan. Por suerte nadie quería salir de la playa así que a la hora acordada emprendí rumbo al encuentro, habíamos quedado en la cuadra frente al mar a dos cuadras de donde estaba parando, no quería alejarme demasiado para volver y tampoco conocía tanto la zona para estar tranquilo. Cuando llego ahí estaba él esperando con el perro tranquilo a la sombra de un casa, me ve y va a mi encuentro, me saluda y empezamos a caminar en dirección contraria a la que yo venía. Conversamos un poco, mis nervios no dejan recordar qué exactamente hasta que llegamos a una casa en construcción. Mira para todos lados y me hace seña para que lo siga.

Entramos, nervioso o no la situación era excitante, dejamos al perro atado en uno de los “cuartos” a medio construir y nos metemos más adentro de la construcción hasta llegar a una parte que no se ve desde afuera. El señor me empieza a besar contra una pared, yo torpemente respondo, me saca la remera y me besa los pezones mientras yo suspiro y le acaricio la espalda y la cabeza. Sigue bajando por lo pecho y panza hasta llegar a mi pija por arriba del pantalón, la saca y empieza a chuparla, qué lindo momento, el señor ahí arrodillado en esa casa en construcción en plenas vacaciones comiéndose mi pija. Yo no era tan atrevido así que solo me quedé quieto y lo deje hacer.

Después de un rato sube y saca su pija que envuelvo en mi mano y pajeo, el me agarra de la nuca y me lleva la cabeza a su pija pero yo solo le doy tímidos lengüetazos y me como la cabeza, sin siquiera arrodillarme. Él se da cuenta de mi incomodidad y no insiste. Me deja levantarme y me da vuelta, me termina de bajar el pantalón y me apoya contra la pared, me acaricia la cola y pasa su verga dura tomándome de la cintura,jugamos un rato así entre gemidos y apoyadas, hasta que me da vuelta y nos pajeamos los dos hasta acabar sobre la arena. Después de eso nos vestimos y salimos como si nada. Nos saludamos a la salida y fuimos para lados opuestos, yo volví con mis amigos sin que nadie notará demasiado mi ausencia a terminar con mis vacaciones.

Mateo Saavedra

Comunicador social . Reivindicando el termino “pendejo”. Caminante compulsivo, lector empedernido. Viajero de corta y larga distancia.

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