El negocio: yo pago mis deudas ¡Sacame la leche!

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Fred Barbas

Fred

Cuando me dijeron que en un balneario del interior de nuestro país había un centro de profesores, muy americano, gratuito que formaban profesores para el interior (y después de haber fracasado en las 2 últimas las malditas Historias Nacionales en el Instituto de Profesores Artigas), sumado a una crisis económica que hubo en casa por el divorcio de mis abuelos y yo que quería recuperar la libertad que había perdido después de haber vivido unos cuantos años en Montevideo y haberme vuelto a dar clase de Historia en mi pueblo natal (odiando un poco la Historia) agarré y no lo pensé.

Apliqué para entrar a ese centro y pedí las tres becas que ofrecían. Eran las épocas de una gran reforma, de préstamos internacionales etc., por ende nos daban un apart hotel para quedarnos y vivir allá, 8 horas de clase, el almuerzo (las famosas y también infames) bandejitas de comida balanceada y los pasajes cada 15 días para ir y volver a nuestras casas. Yo en inglés siempre me tuve fe, prácticamente aprendí a leer y a escribir en español y en inglés al mismo tiempo y además soy simpático y desenvuelto y sabía que me iba a ir bien en las pruebas de ingreso orales y escritas. Iba a egresar en 3 años, quería volver a estudiar y estaba seguro que iba a conocer gente copada. En realidad calculaba que eran todos gays porque prácticamente ley de la vida que el profesor de inglés sea re puto. Pero no fue así. Aprobé todos los exámenes y me dieron las becas y me mudé para ese lugar. Una ciudad balnearia hermosa, pero también pueblo chico. Pueblo chico infierno grande.

Para empezar, el apart hotel que el estado alquilaba y que debe estar abierto aún era precioso, frente a la rambla y lo tenía que compartir con 3 compañeros de clase y para mi desilusión o para mi ilusión ninguno era gay. Tomaban mate, miraban mucho fútbol, mucho porro en el balcón etc. un embole para mi. Pasé los primeros 15 días medio eunuco (solo mirando bultos en bóxer) y adaptándome a las 8 hs de clase que eran realmente agotadoras. Pasados los primeros 15 días aparece en clase la profesora encargada de todos los temas vinculados por los alumnos con la noticia de que vendría un “compañerito” nuevo de la frontera. Algunas de mis compañeras más putitas empezaron a preguntarle a aquella mujer cosas sobre el nuevo compañero y la docente con mucha cancha les cortó el rostro. “Otro feo”, pensé. “Ojalá se la coma así por lo menos tengo alguien para charlar de machos” y seguí haciendo los ejercicios de Gramática que daba aquella profesora aburrida y envejecida. Prácticamente inmortal, una momia.

Bromance

“Es el precio que tengo que pagar para poder ser…”pensé, “ser gay”. Yo creía que en casa nadie sabía de mí gaydad y tenía el miedo pelotudo de que si se enteraban no me iban a ayudar más. Creo que el único que no se daba cuenta era mi hermano, y creo que fue el único que sufrió mi salida del closet, pobrecito, me contó que cuando le hacían bullying diciéndole que yo era puto el peleaba a puño para defenderme. Pero ahora y hace relativamente poco está todo bien con mi hermano y tiene una familia preciosa que me quiere y respeta. Al igual que todo mi pueblo natal. Entonces volviendo a las 8 horas de clase, la vieja momia y su gramática y mis ganas de libertad y de poder ser, agache la cabeza y me resigné nuevamente a trabajar. Yo siempre supe que mi vocación era la docencia, no importaba la asignatura o el área en la que me moviera lo iba a hacer bien (y de hecho aún hoy que estoy alejado del sistema educativo sigo enseñando desde otros lados. Trabajé en dos proyectos internacionales de salud y diversidad y di talleres a profesionales de la salud, capacitación a compañeros de ongs, y ahora sigo coordinando el área de diversidad de una organización internacional donde me siento muy cómodo, preparo talleres y voy por casi todo el país trabajando con docentes de secundaria, maestras de escuela, asociaciones de compañeras trans y otros grupos en orientación sexual, género, derechos, prevención de its VIH/sida para que la gente se empodere y aprenda. Obviamente que desde la cama a los chongos con colas ardientes y ganas de emputecerse también enseño y lo disfruto mucho o quizás mas.

Regresando a mis clases, cuando faltaba un docente me ponían a la vieja momia de gramática. Prácticamente la veía todos los días y ya le tenía cariño aunque no entendiera mucho, le ponía empeño.

Pasaron dos días, seguí resignado leyendo y haciendo mis ejercicios y un martes después de almorzar al entrar al salón de clase estaba el “nuevo”. Lo mire de arriba a abajo. Era un pendejo de 17 años que recién había terminado el liceo y estaba divino, pero divino de verdad. Alto como de 1,90, muy flaco piernas largas torneadas, brazos largos y manos grandes. La cara cuadrada, el pelo muy arreglado y muy negro, una remera ajustada que le marcaba los pectorales y los “timbres” y cuando le mire el bulto era tremendo. Enorme y de esos que se la guardan al costado. Era re parecido a Gianecchini el actor de las novelas brasileras. Un caballo.

Obviamente me enamoré. Me enamoré así a primera vista y cuando me sonrió y me dio un beso y se presentó temblé. Luego al ir al hotel y convivir lo veía ducharse y salir en bolas, afeitarse, me hablaba de mujeres, contaba experiencias y se ponía ese perfume del free shop de la frontera tan masculino que me acuerdo y se me para. Nos hicimos muy amigos, o sea el era mi amigo y yo muerto de amores por el. A veces me pedía que le consiguiera minas. Y yo muerto muriendo por dentro intercedía.

Yo me sentía grande, pero tenía 22 años y Gabriel 17. Había terminado el liceo rápido porque empezó la escuela con 4 años.

“Tanto macho me hace mal” pensé, éramos 10 huevos, 5 vergas y 5 culos conviviendo y yo medio que empecé a deprimirme, alzarme y también a la vez alterarme. Charlas de fútbol, juegos de la play en las horas libres, olor a bolas, a pata y Fórmula 1 no era para mí.

Yo estaba acostumbrado a vivir solo, para mí todo eso, sumado a lo que me pasaba con mi amigo Gabriel sentí que empecé a enloquecer.

“Tanto macho me hace mal” pensé, éramos 10 huevos, 5 vergas y 5 culos conviviendo…

Cuando ya quería volverme al pueblo le digo a mi abuela que NO me estaba yendo bien ni siquiera en rendimiento y menos en la vida, ese “Gran Hermano” de estudio y la convivencia con tantos hombres tan diferentes todos me estaba de verdad haciendo mal, extrañaba a mi madre que por la crisis del 2001 se había ido a España y tenía ganas de largar todo. La convivencia de verdad me estaba matando. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando encontré un calzoncillo mío lecheado tirado arriba de mi cama. Un chongo faltó a clase, se había cogido a una rea (las mujeres estaban en el piso de arriba y nosotros abajo) y alguien se había limpiado terrible acabada con un bóxer hermoso que me hacía comprado en el Chuy. Por lo menos no había sido el Gaby porque él había estado todo el día estudiando conmigo. Ya muy loco y con ganas de mandar todo a cagar recibo una buena noticia al día siguiente me llamó mi tía, una mujer muy rica y generosa y que me quiere mucho y a quien por ejemplo le debo los exámenes de inglés que luego di, o algunos muebles que aún conservo, me dijo que desde Montevideo estaba saliendo para en la tarde ayudarme a buscar un apartamento para alquilar. Soy muy agradecido y siempre la recuerdo y lo digo, y ella me enseño que cuando das, sin esperar nada a cambio la vida te devuelve el doble. Haciéndola corta, me mude a un apartamento chiquito y precioso y ahí fue que empecé a disfrutar la vida, ya que cuando viví la primera vez en Montevideo solo había tenido 3 tipos en cuatro años, uno fijo que era mi “novio” o al menos eso era lo q yo creía y que en otro momento contaré porque acá son todo como flashbacks y otro que me había levantado en la esquina de mi casa, yo vivía cerca del Hospital de Clínicas, por la calle Mazzini y había un profesor de odontología que me hacia cambio de luces hasta que un día me decidí a encararlo y bueno anduve como 8 meses y otro que era vecino que era golero de un cuadro de fútbol pero con ese futbolista habían sido esporádicamente 69s.

Volviendo mi época de estudiante de inglés, cuando me mudé empecé a PUTEAR. Descubrí la rambla, la playa gay que queda después del monumento del águila de Pablo Neruda, el camino hacia otros balnearios con todo lo que eso significa: autos y camionetas que paran, te levantan o te metes en los yuyos y pasa lo que tiene q pasar (como dicen las viejas). A veces vas caminando te prenden un encendedor varias veces o una linternita y hay entre los árboles hombres ya con el pantalón bajo y la pija dura esperando ser atendidos. A veces bajas y ves que dos desconocidos, turistas o lugareños entre sí se están empomando a otro (que quizás al ser una ciudad tan chica te atendió en la caja del restaurante o lo ves trabajando en la intendencia). A mí me gusta mucho mirar pero en esas épocas empecé a participar. Hoy estoy tan tranquilo porque quemé etapas y es genial para mi poder decir esto.

Yo me había agarrado la sana costumbre de después de clase, invierno o verano ir caminando los 8 Km. que son de Atlántida a Parque del Plata ida y vuelta. Fue así que conocí muchos tipos, la verdad más de los que yo hubiera pensado que en mi vida iba a conocer. Teniendo en cuenta que cuando era adolescente mi autoestima era muy baja primero por ser gay y segundo por ser gordito y llegue a pensar que no le iba a gustar a nadie jamás y que me iba a morir virgen ajajá pero bueno, después vinieron las compañeritas de colegio, algunos familiares y muchos amigos pero seguiré con Atlántida y lo que en este relato importa.

Estaba muerto con Gabriel y su belleza y masculinidad. Era como un Lolito. Algo así como la de la novela de Vladimir Nabokov, “Lolita” sobre una jovencita hermosa que enloquece a un señor mayor. Era como una obsesión, cada mina que se comía me contaba todo y en vez de estudiar Gramática Pedagógica terminábamos hablando de su desempeño sexual, pija, lo que les hacía a las chicas o lo que no les hacía. En esa época me parecía un capo, hoy me acuerdo y pienso que era un pendejo, hermoso, pero pelotudo. Yo terminaba con la verga al palo y no rendía lo que tenia que rendir en nota en los trabajos porque solo su presencia me ponía nervioso. Me contaba que se pajeaba y de tanta fuerza que tenia en el chorro de leche, “engomaba” el techo del hotel y que la leche se empezaba a acumular ahí y nadie la veía. A mi, obviamente se me hacía agua la boca. Yo quería estar con el. Mínimo hacerle una paja.

A todo esto, teníamos una compañera, muy linda y rubia, medio hippie y el estaba re caliente con ella. Yo hacía todo lo posible para que ella no le diera bola o que ella creyera que nosotros salíamos pero lo peor es que cuando sos pendejo y haces esas cosas te va mal, porque no hay que hacerlas y no hay q interferir en q pase lo que tiene que pasar. Me decía que quería cogerla con esas polleras que usan las hipillas solo bajándole el calzón y con la pollera puesta, que le iba a chupar el orto y esas cosas y yo diciéndole que era un asco la mina, pero ella era hermosa en realidad. La chica no le daba bola, porque le gustaban los tipos de su estilo y tenía mil hombres adultos a sus pies. Pero como buen escorpiano, se me ocurrió algo que me iba cumplir el sueño de estar con el. UN NEGOCIO.

 

Cuando los machos se alzan, hacen cualquier cosa por estar con una concha. Una noche en casa le dije a Gonza: que yo se la iba a conseguir pero que el me tenia que pagar después de que se la garchara y me tenia que dejar chuparle la pija. Se enojó, me dijo que no, que el no era puto. Ahí no me hablo por un par de días. Pasado un tiempito, había que hacer equipo y me tocó con Anabella, la rubia sucia esta que el decía que amaba y la hermana de Gabriel que también era compañera nuestra. Hablando de todo un poco, empecé a decirle lo que le gustaba a Gabriel, hablamos de la música, las películas que miraba etc. y su hermana estaba asombrada que yo supiera tanto de Gabriel. Ella era mayor que el y yo también obvio. Ahí la loquita empezó a pirar un poco y yo aproveché, se lo puse en las nubes y le dije que el Gonza tenía porro bueno traído de la frontera que hacía pila que me decía que tenía ganas de invitarla a fumar las flores. (Toda mentira mía, no me había dicho nada porque estábamos peleados). Agarré y arreglé por mi cuenta una cita en la rambla frente al apart hotel. Le dije a Gabriel que Anabella lo iba a esperar y que llevara flores para fumanchear. El reaccionó y me pegó un empujón. Yo le dije que me disculpara que era muy atrevido pero que no me importaba más que me pagara con nada, que lo hacía porque lo quería como amigo (mentira obviamente), quería mínimo mamarle la verga. El hizo su camino se fue para el hotel, yo me agarré mi bicicleta y me fui para mi casa. Paso un ratito y recibo un sms de la hermana que Gabriel se había ido a fumar a la rambla con Anabella. Se le había dado. Supuse que garcharon la verdad esa parte heterosexual me da asquito y muy drogado como estaba cuando la mina se fue para su casa porque ella era del balneario, apareció Gabriel golpeándome la puerta de mi apartamento.

Con olor a vino, con olor a porro y los ojos todos brillantes, la cara bien colorada pasó y me dijo que había venido a pedirme disculpas, que me había tratado mal, que estaba todo bien y que la hermana le había contado de mi “interferencia” en cumplirle su sueño de salir con esa rubia tan linda, la verdad era una muchacha preciosa. Se sienta en la silla de la cocina y me dijo que quería un café y que le fuera a comprar un alfajor para el bajón. Obvio que fui y le dije que me esperara, que estaba todo bien como siempre, que me sacara los materiales porque nos teníamos que poner a estudiar y que con el café y los alfajores iba a rendir más y encima ahora que ya había logrado salir con la chica.

Cuando volví estaba tomando su café, Yo me hice uno y comimos los alfajores como nenes de escuela. En vez de sacar los libros, sacó su playstation que lo tenía en mi casa y se puso a jugar. “Que embole son los hetero, tan hermoso este tipo” pensé, pero es un pendejo y es divino y su olor a hombre y aroma a perfume me ponía nervioso. Lo miraba de reojo y le veis el bulto y las piernas peludas porque estaba de bermuda y veía belleza. Y me acordaba de Óscar Wilde, gran autor inglés que hacíamos estudiado en “Cultura Inglesa” y de uno de los epigrams que dice “La belleza revela todo, porque no expresa nada”. Y allí estaba Gabriel totalmente inexpresivo, pero su belleza física era tanta que podía llegar a enloquecerte. Mientras Gabriel jugaba yo me sentía un puto cornudo, un gil pero resignado mientras tanto me puse a hacer un resumen de Gramática Pedagógica. Se hacía la hora de “Son amores” y yo quería desenchufar el play para ver la novela pero el pajero seguía colgado con el juego.

Cuando voy a mear, siento un ruidito del joystick y pasos y mientras cae el chorro del meo en el agua del inodoro escucho que se abre la puerta del baño y ahí estaba Gabriel, con cara de nada, los ojos chiquitos, todo transpirado y me mira tan fijo que aún recuerdo ese momento y se me eriza la piel. Se toca el bulto, queda en bóxer, se toca.

Lo miro y tenía bien dura la verga. Imponente.

El bóxer estaba mojado del presemen. Mis ojos no podían despegarse de aquel tipo tan hermoso que en ese momento ya había cumplido los 18 años y que lo tenía semidesnudo en mi baño transpirando, drogado y con la pija al palo. Solo dijo: “sácame la leche, tenemos UN NEGOCIO y yo pago mis deudas” Entre nervios y esa sensación que te invade de triunfo cuando un “macho” se rinde ante ti, me arrodillé, le chupé la pija que hoy la recuerdo y no era la gran cosa pero el era tan bello que no me importaba nada.

Acabó en mi garganta, se lavó la verga en la palangana, se vistió y se fue y yo quedé escupiendo la leche.

A partir de ahí, todos los días cuando estudiábamos, le chupaba la pija. Lo mas tragicómico es que un día me dijo: “la primera vez me chupaste la pija sucia de concha”, como queriendo lastimarme o algo así; y a mí realmente solo me importaba estar con él porque estaba enamorado de su belleza física y le dije: “todo bien, te la lavé” realmente no me importaba. Otro día me pidió la casa para cogerse a una mina adelante mío, eso ya era too much pero accedí. Me di cuenta con el paso del tiempo y la convivencia que el amor que yo pensaba que le tenia era solamente calentura y estaba deslumbrado porque era un Dios griego y no teníamos nada en común más que el morbo y era una amistad, lo que hoy le dicen “bromance”. Lo que es mas fuerte y mas gracioso aún, es que la noche que me pidió la casa para estar con una chica me dijo que me quedara y me quede a mirar, y cuando estábamos los tres en la cama la muchacha notó nuestra atracción sexual que era innegable y sin darnos cuenta la habíamos dejado de lado que ella se vistió y se fue. Esa noche me pidió para probar mi pija. Y un día le di tanta verga en la cola que lo hice sangrar, cuando acabe saqué el forro todo ensangrentado y me dijo con cara de dolor y satisfacción “parece como si estuviera menstruando”. Porque siempre digo, el “macho” cuando se hace puto, no quiere sexo, quiere dolor, dominación y sacarse las ganas de probar que se siente ser puto.

Ahora hace mucho que no lo veo, pero sigue divino, es un hombre de unos 30 y pocos años, me enteré que tiene novia, pero que sale con travestis porque acá somos pocos y nos conocemos y sale como cliente, supongo pasivo. Un día me animo y le digo a la hermana con la cual sigo amigo que le diga para hacer una “reunión” y así poder volver a establecer contacto. Esa es mi historia con el Gaby, mi amigo y compañero de estudios de quien tengo re lindos recuerdos. Se que sigue disfrutando de pijas. Y solo espero que no lo viva mal y que siga disfrutando como con 18 años. Pero lo que más me gusta y me da morbo es haber sido su iniciador. Mi perro cazó otra mosca!

Fred Barbas

Tengo 40 años y vivo hace 7 en MVD en mi segunda temporada. Soy de Rocha, bien al este de Uruguay. Pero soy profesor de Historia y de inglés este año cumplo 20 años en la docencia, he trabajado con el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA en dos proyectos. ESCRIBIME freddy2013uy@gmail.com

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