#Maldonado, “hembra, macho puto, guacho”

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Creo que fue de tanto escuchar el apellido Maldonado en estos días, que empecé a recordar lo que sigue… Fue casi sin querer, pero les aseguro que fue autentico. Maldonado por TV, Maldonado por la radio y recordé la historia de Diego un compañero/amigo de colegio con el que compartí toda la primaria y la secundaria.

Colegio de varones de curas y en los ’70, ¡esa era la verdadera REPRESIÓN!

Ahora que lo veo a la distancia me doy cuenta que cuando llegamos a la adolescencia el era marginado por ser el contestatario, el que se portaba mal, “el más poronga”, nadie quería estar con él, porque cuando te educan en represión toda la manada tiene miedo al que piensa diferente.

Yo también era diferente, no me daba cuenta porque, salvo por la angustia que tenia, pensaba que me iba a quedar solo, tal vez más solo de lo que ya estaba. Mis viejos se la pasaban trabajando, hablar con ellos era infructuoso porque estaban del lado de una ley que también los aplastaba; años después me di cuenta de que vivían con mucho miedo.

 

Mi padre hablaba de la homosexualidad como si fuera una enfermedad y para eso ponía ejemplos visuales que aparecían en televisión, como Arnaldo André, Alberto Migré, o Romay, que, según él eran putos y se les notaba por el tamaño de sus frentes y la finura de sus labios ¿? (NO traten de entenderlo, no hay lógica al respecto).

 

Mientras tanto en el colegio los curas nos hablaban de lo cercano que estábamos “al pecado, por tocarnos” y nos preguntaban, en confesión, donde poníamos las manos al dormir…

Diego Maldonado, mi compañero marginal, entraba al baño de hombres y repetía siempre el mismo ritual: poniéndose frente a los mingitorios remachaba como letanía, “hembra, macho puto, guacho”, pelaba chota y orinaba en el mingitorio que era de “macho”.

Cierta vez yo me encontraba haciendo lo mío en uno de los cubículos que se enfrentaban a los mingitorios y Diego, con los pantalones más abajo de la cadera, que revelaban un hermoso culo, luego de mear se empezó a tocar la verga, un chico de 17 años, con esperma urgente. Rápidamente empezó a cambiar de forma y yo me quede en estado hipnótico, extasiado, mirando la postal.

Esto no duro mucho ya que él se dio cuenta que lo miraba, guardó todo y enfilando hacia mi cubículo levanto su mano, (pensé que me iba a meter una piña, por lo que había visto, podía morir contento) y riendo me pasó la mano por mi cara, la misma que hacia segundos había estado en su verga, creí sentir el olor de sus bolas. Se dio media vuelta y me dijo: “te veo a la salida”

Y salió del baño. Listo! Me iba a cagar a palos!

Esa tarde cuando salíamos del colegio, encendió su cigarrillo y me alcanzo a la media cuadra del colegio comenzando a caminar para el mismo lado que iba yo, (vivíamos para el mismo lado),  hablamos de tonterías no teníamos mucho en común a mí el me daba un poco de miedo y sinceramente yo no sabia que hacia un chico como él hablando con alguien como yo que tenia fama de “debilucho”, yo no era del grupo de los divinos, ni de los populares. Ahora que lo pienso era tan marginal como él.

Cuando estábamos llegando a mi casa, empecé a despedirme y el me lanzó un: “que poca onda” ¿no me invitas a entrar, a tomar la leche…?

Le dije que en caso de estar mis viejos si veían que caía con alguien que fumaba no me iban a dejar en paz, y tiró lo que quedaba del pucho al suelo, después me preguntó que otra cosa necesitaba para que no me jodieran. Me llamó la atención, la buena predisposición que tenía para mí, porque para que negarlo era un pibe bravo.

Ya en mi casa, alabo la forma en que vivía, la arquitectura de la casa, pero una cosa lo saco de si, un equipo de audio que mis viejos habían traído de Miami en la época de la plata dulce que reinaba ostentoso en nuestro comedor.

Eso dio pie para que nos metiéramos en el terreno de los gustos musicales que tampoco eran los mismos, yo amaba a las baladistas pop y el le rendía culto a Giorgio Moroder, pero quería saber que era lo que me gustaba a mí de Olivia Newton John, o de Barbra Streisand. Yo estaba dispuesto a conocer nuevas tendencias.

Así fue surgiendo una amistad que resguardamos fuera del colegio, dentro del mismo no nos dábamos mucha bola, el decía que yo tenia más aceptación, así que no convenía que nos vieran juntos, pero en mi casa y sobre todo en un desván que yo usaba para estudiar se transformó en nuestra guarida. A estos encuentros en mi casa, le sucedieron largas charlas, el había perdido a su madre víctima de un cáncer hacia poco tiempo, su padre se había vuelto a casar muy rápido y no se lo perdonaba. Su soledad me dolía, su sonrisa era hermosa.

Una noche se quedó a dormir, y luego de hablar mucho me propuso que nos pajeáramos para relajarnos y dormir bien. Algo que el hacia y parece que le rendía buen resultado. Yo era muy tímido en cuanto a sexo se trataba y se lo dije.

El se propuso ayudarme y me pregunto a calzón quitado: ¿a vos te gustan los hombres?

Vio mi vergüenza y quitándose los calzoncillos me dijo: ¡a mi también! no hay nada malo en eso.

¡No lo podía creer! Le dije que no sabia que era lo que me pasaba -temblaba- y me abrazo, fue la primera vez que pude sentir todo su calor, sus olores, el del pucho, el de su cuerpo, el perfume, se pasaba las manos por las bolas y me las pasaba por la cara, se sacaba su precum (muy abundante) y me lo ponía en los labios, me besaba dulce. Inscribía su amor. Tanto bombardeo de sensaciones nos dejo arriba de la cama a los dos erectos. Cuando me toco la pija me dijo: ¡si! a vos te gustan igual que a mi. Era la primera vez que yo tenia una roca entre mis piernas.

Quiso bajarme para que le empezara a chupar la pija pero yo nunca había chupado una, el olor natural de la pija me daba cierto asco y el proponía trabajarlo para que la chupara bien.

Lo cierto es que con miles de encuentros para cojer y escuchar “From Here To Eternity” de Giorgio Moroder me hizo un experto chupador de pijas, me enseño a degustar su semen, a dejar loco al hombre con el que estuviera, me abrió el orto, me daba besos interminables, unas chupadas de orto que predecían unas penetraciones profundas y me recomendaba –fue el primer hombre que me hablo de las teteras; me contó historias que había tenido en los baños de Flores, Liniers y Ramos Mejía- cuidado, porque decía que afuera las cosas no estaban bien para gente como nosotros, que había que esconderse, que el no sabia que pasaba pero que algo raro pasaba. Lo que pasaba era la dictadura.

Siempre se refirió a nuestra relación como algo pasajero, -que tenia fecha de vencimiento- algo que tal vez terminara con el colegio. Que cada uno de nosotros iba a seguir su camino, yo tenía todo un futuro diseñado, facultad, estudios en el exterior etc. Pero él se conformaba con haber sido parte de mi vida.

 

Repetia:

 Fuiste dueño de mi como se que fuiste mío

¿Que más puedo pedir si fui parte de tu vida?

Y refrendaba:

Me vas a recordar porque sé que fui tu primer hombre.

 

Dentro de ese cuarto había tanta libertad, mis padres lo veían como un buen chico amigo del cole, que había tenido la desgracia de perder muy joven a su madre. Por la falta de la suya compartí la mía. Y él tenía un trato unilateral conmigo que no tenía con ningún otro compañero de colegio.

Cuando nos recibimos nos vimos un tiempo más pero como el lo había predicho la vida nos fue separando, la facu, los viajes, los trabajos, matrimonios, parejas etc.

Hace poco hicieron una de esas reuniones de ex-alumnos de las que yo hablaba en contra hace años, nos reunimos para festejar los 35 años en el colegio.

Ahí estaba. ¡Lo volví a ver! Ya no éramos los mismos, yo fui como un hombre abiertamente gay y el fue con un anillo de casado en su mano izquierda, como lo han hecho otros de mis compañeros, siguió su vida, tuvo tres hijos, pero como hace mas de tres décadas estuvimos hablando toda la noche. Nos matamos de risa, fuimos jóvenes cómplices nuevamente y nos lamentamos porque nos dejamos de ver… para volver a reírnos de la vida, de algún recuerdo de un profesor y para volver a repetir el viejo ritual de ir al baño para decir como letanía, “hembra, macho puto, guacho”, y robarnos un beso.

Cuando la noche se iba yendo nosotros también, y terminamos en mi casa, fue como estar otra vez en el altillo de mis viejos, de la vieja casa que ya no está. El olor de su cuerpo, sus perfumes, su virilidad, su pija que me era tan actual. Sus sabores, su cuerpo, era como volver al pueblo, a ese lugar donde había sido feliz de muy joven, tan contenedor.

Quedamos en vernos, pero nada de eso sucedió, supongo que uno puede desear cosas una noche de añoranza, pero luego vuelve a la rutina de siempre.

Hace unos días encontré una llamada perdida de él en el celu, estaba en una reunión y tardé un poco en devolverla, porque realmente no sabia que quería hacer, tomé el valor de llamar pero no atendió él, su esposa me había llamado para decirme que falleció, que tenia un cáncer, ya lo tenia la noche de la cena, que había vuelto muy contento del encuentro con compañeros; pero sobre todo por haberme encontrado a mi. Quería que me quedara con su colección completa de Giorgio Moroder, la que él tanto amaba, la misma que estoy escuchando ahora para darme ánimos de contarles esta historia.

Marcos L

Ingeniero Agrónomo Coordinador Comisión Matriculación en la República Argentina. Federación Argentina de la Ingeniería Agronómica…
Negocios Agropecuarios – Provincia de Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán. Bisexual viviendo fuera del clóset. TODO ME IMPORTA UNA MIERD…. 😉

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