#Bisexuales fuera del armario, ante la incredulidad de algunos

Compartir
Ale K

Ale

Por Ale K – Estuve leyendo atentamente la nota del amigo Mariano Sepúlveda “El grupo de papis”; me llamó la atención en la caja de mensajes al incredulidad que hay para este tipo de experiencias que en el consultorio se vuelven moneda corriente. Destaco sobre todo uno de los mensajes que tildaban de fantástico todo el hecho, más allá de las licencias retoricas que se pueda tomar el autor para escribir. ¡Que bien relata! Porque de alguna manera nos permitió estar en ese asado y ver lo que el mismo vio y sintió, dejando a más de uno al palo.

Si Freud dijo que todos somos bisexuales, ¿por qué los consultorios terapéuticos siguen “heterosexualizando” a los pacientes? O peor, ¿por qué a veces no escuchan que la bisexualidad es también una opción? O peor aún, ¿por que algunos gays de pura cepa, descreen o le demandan al bisexual en cuestión que elija? Dos casos de incomprensión en los divanes “heteros” porteños . Solo una pequeña muestra de lo que ocurre en otros ámbitos.

La incredulidad ante las vivencias del otro se deben a que muchas veces nos han mentido, el resentimiento que se va acumulando formándonos en la doctrina del mas estricto escepticismo, y que decir de la histeria que se va formando en nuestro ambiente por no dejarnos ser. Si, todavía hay en la región un escepticismo más allá de todos los logros conseguidos legalmente. Porque lo legal corre por delante de nuestra formación heterosexual aunque seamos gays.

América Latina ofrece una narrativa contradictoria: la región tiene las tasas más altas de violencia contra la comunidad LGBT, según una investigación realizada por Transgender Europe, una organización no gubernamental, pero también tiene algunas de las leyes más progresistas para la igualdad y la protección LGBT.

Quiero narrar dos breves situaciones muy cercanas a mí, que ocurrieron dentro de una terapia psicoanalítica (CON ANALISTAS HETEROS). Con pacientes que luego terminaron asistiendo a mi consulta. No me interesa analizar ningún tipo de procedimiento terapéutico sino meramente cuestiones de malas interpretaciones y prejuicios. Estas dos son solo muestras de algo por lo que las personas bisexuales viven en las oficinas, en situaciones familiares, entre amigos, en “El grupo de papis” etc..

Qué suceda adentro del consultorio que estudia las emociones, que busca comprender la complejidad de la experiencia humana, es de seguro violencia. Lo naturalizado no indaga mucho: si una chica tiene problemas con su novio, al terapeuta no se le ocurrirá preguntar si está segura de que le gustan los hombres. Así, el amor hétero se da por sentado, ¿y el amor bisexual?

La primera

Una consultante va a las primeras sesiones y dice a su analista que está enamorada por primera vez en su vida locamente y que es de una mujer. El analista después de una charla llega a la conclusión, y le dice:

* Vos no sos gay ni bisexual. Por la historia que me contás tenés una fijación con la madre. (Que significa “con tu madre”).

Primera omisión: negación de la experiencia de la consultante. Segunda omisión, el uso palabra “gay”. Dentro de la comunidad lgtbiq, en general la palabra gay se aplica a homosexual masculino, ¿por qué ella sería gay? Lo gay sería más legitimado porque está asociado a una condición masculina, ¿tiene más legitimación que la palabra lesbiana, torta, etc.?

La segunda

Una joven va a la consulta y se declara abiertamente bisexual. El analista desvía la consulta hacia una necesaria resolución de la orientación sexual. No le importa nada más, no le interesa que ella haya sacado un turno para hablar de otra cosa. La increpa: “pero vos sabés que Martín y Teresa no son lo mismo”. En resumen, la empuja a que se decida. La consultante responde: “Teresa y Victoria tampoco son lo mismo”.

Primera omisión: negación de la experiencia de la consultante (otra vez). Esta gente definitivamente no escucha. Segundo problema: el ruido en la conversación viene dado por la palabra “bisexualidad”, que en términos del analista es igual a confusión, indecisión, camino intermedio. Asume la fijación del deseo siempre en un mismo sexo, lo cual sabemos, tiene un montón de presupuestos teóricos aparejados. Y supone otras cosas que se dejan entrever: el deseo “excesivo” que no se conforma con nada. El prejuicio de que los bisexuales necesitan estar con dos personas o más a la vez porque siempre falta algo… qué notición, la realidad es que siempre nos falta algo, porque somos seres incompletos.

“No somos el colmo de lo extraño, no somos indefinidos, ni infieles, ni promiscuos”. Como ocurre siempre, a la heterosexualidad nunca se le pide una defensa de sí misma: “viste lo que pasa es dentro del edipo tradicional, estamos “heteronormados”, aún los gay tenemos un modelo heteronormativo y patriarcal que nos viene de herencia. Por eso no creemos y pedimos definiciones, porque estamos en el terreno del patriarcado.
Si los hombres pudieran parir, el aborto ya estaría legislado, normado y se llevaría a cabo en cualquier institución publica con la venia del Vaticano.

La heterosexualidad nunca tiene que justificar nada, ni pedir perdón, ni ser absuelta por una autoridad religiosa.

Los bisexuales tienen todo a su favor ante la fluidez máxima del deseo, porque tienen un menú más amplio para elegir. Quizá tanta libertad sea un imponderable; como cuando uno se saca la lotería y se siente mal… porque siembre hay otros a los que les “falta” algo.

Ale K

Licenciado en Psicología y Abogado (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión. Trabaja con pacientes HIV, con parejas y varones gays. Es comunicador radial distinguido por divulgar la cultura lgtb. Tratamientos analíticos: Individuales adolescentes y adultos; parejas y grupos. Contactate a través de www.psiquiskype.com

Compartir
Latest Comments
  1. Mariano Lelez
  2. Marcelo
  3. Nico
  4. Joaquin
  5. Daniel
  6. Manuel

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE