Bajo la luz de la luna…

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Pedro LeiranoMis experiencias con el footjob, son muchísimas a través de los años, algunas en lugares privados pero muchas, y sobre todo al principio, en lugares públicos.

La que voy a compartir ahora con uds, se produjo en unas vacaciones, dos veranos atrás, en una conocida y concurridas ciudad turística de la costa  de la Florida en USA.

De noche me copaba salir a caminar por las playas a la luz de la luna, mientras me fumaba un pucho ( poco original, no? jajaja).

En una oportunidad, observé que arriba de la casilla de los guardavidas había gente durmiendo. Desde abajo se podía ver que tenían sus “calzados puestos”.  Sin meditarlo mucho me dispuse a subir, y ver qué posibilidad había de poder aprovechar, la oportunidad de encontrar algunos pies masculinos dormiditos. Comencé a ascender una pequeña escalinata de madera, cuyos  escalones trataban de delatarme con sus crujidos. Al llegar a la terraza, vi tres hermosos jóvenes totalmente dormidos, junto a varias y diversas botellas de bebidas alcohólicas desparramadas. Uno de ellos,  se encontraba unos metros más separado, y  gracias a la buena iluminación de nuestro satélite natural, se lo veía nórdicamente rubio,  con un rostro de adonis dormido, llevando en sus pies unos hermosos borcegos marrones, sin prender en el final de las trenzas.

No pudiendo resistirme a esos, seguramente 43/44, silenciosamente me acosté a sus pies, dejando a la altura de los mismos, mi pene que ya a ese momento, se encontraba erecto dentro de mi pantalón. Lentamente fui acercándome a esos descomunales pies y borcegos, hasta que finalmente los sentí en mi miembro!!!! Ufffffff el corazón me comenzó a latir como un tambor africano, y la bragueta parecía que iba a estallar por la presión  que ejercía mi “requirente amigo”, deseoso de sentir en directo esos pies .

En cámara lenta, me desabroché el pantalón, y los bajé hasta casi las rodillas. Pero antes de comenzar mi embriaguez sexual, era necesario percatarme que el angelito estuviera realmente sumergido en un profundo sueño, lo que supuse al ver tantas botellas alrededor. Para ello, cambie de posición y coloqué ahora mi cara próxima a sus pies, y comencé a besar y a acariciar suavemente esos enormes pies enfundados,  en los también gigantescos borcegos. Pero necesitaba besarlos, lamerlos, sentirlos en mi cara en forma directa, es decir descalzos, por lo que procedí a sacarle muy lentamente el borcego izquierdo, al tiempo que miraba su hermoso rostro iluminado por la refulgente luna, para asegurarme que no despertaba.

La extracción del calzado dejaba ver un hermoso pie dentro de unas medias blancas, que por suerte no olían más que al cuero de los borcegos. Sin perder más tiempo, le extraje la media, y  comencé a besar y a lamer ese espectacular pie, con sus  dedos finos, largos y huesudos. El hermoso exponente masculino, parecía inmutable, sólo algún que otro movimiento reflejo, que me llenaba de adrenalina y excitación, pero que denotaban ser a nivel muy inconsciente. Habiéndome cerciorado entonces que no iba a despertar por ahora, me senté delante de sus pies y coloqué el que estaba con el calzado sobre mi pene y testículos, que a esas instancias estaban a punto de hacer erupción.

Acto seguido,  mientras sutilmente me comía el pie descalzo, comencé  a frotar mi pene en las sinuosas suelas….de repente mi víctima realizó un fuerte movimiento con el pie que tenía sobre mi pene, y pensé que se me “venía la noche”, pero sin luna!!..por suerte no  fue así, y era obvio que nada iba a despertar a ese Sansón de su dulce y etílico sueño.

Por otro lado, ese movimiento con el pie, produjo un placer inusitado en mi pene, que lo recibió agradecido, por lo que ya sin importarme nada, me recosté y comencé a moverlo y a frotarlo de manera vertiginosa sobre mi miembro, que no tardó en explotar y arrojar su abundante contenido blancuzco, que se expulsó hasta mis pectorales, y regó la vasta suela.

Culminado ese  momento de sumo placer, subí mi pantalón, miré hacia donde estaban los otros dos “bellos durmientes”, que obviamente nunca escucharon ni se percataron de nada, y decidí  no desafiar la buena suerte tenida hasta ese momento, por lo que ya de manera presurosa, baje las ruidosas escalinatas, y me alejé, caminando satisfecho a la orilla del platinado mar, al tiempo de me fumaba el pucho del “después”…

Pedro Leirano

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