A trompadas en la C (o casi…)

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Subtes | Desventuras en la Linea C

Acabo ( y qué mal usada está esta palabra en este lugar) de llegar a casa. Completamente mojado, pero de la lluvia. Las manos me tiemblan. Y una sonrisa se me dibuja, y desdibuja a cada momento.Es una locura de adrenalina. Un exceso en sangre, con taquicardia de por medio, que se hace evidente en la respiración, y en el pulso. Y en la sonrisa, casi desdibujada.

Casi, si, con C gigante de casi y de subte C, me cagan a trompadas. Casi, también con C gigante, me agarra un cana en el cubículo, con la pija explotándome. Casi, si. Eran las 18 hs. Voy a la D en Catedral, pero digo, sin apuros, voy tranqui y avanzo en la C. Combino en 9 de Julio. No había nadie. Qué bajón. Pero el pibe ya estaba ahí. Remerita blanca, con escote en V, mochilita, arito. Y miradas cruzadas, clave. Te tengo, me dije. Si, evidentemente nos teníamos. Se llena, como no puede ser de otra manera. Pasan dos subtes del otro lado, me muevo, me acerco al pibe porque quiero quedar a su lado para atacar cual fiera ante su presa. Ya me incomoda la espera, quiero que llegue el fucking subte. Y está casi. Y llega.

Entramos. Antes de que se abriera la puerta, ya tenía mi mano bobísima ubicada en posición. Para atacar. El viaje fue un placer. Pechito con pechito (y se me viene la cumbia encima), tocándonos, yo con la verga afuera, extasiado y con ganas de que me la chupara. Nunca entendí si el que me la tocaba era él, creo que si. Espero que si.

Cual fiera quiero darle su merecido final. Ya estamos en San Juan, y ruego que el subte no llegue. O se pare. O pase algo. Voy a cometer mi último estrago, y mi mano se queda en el camino sin querer. Y en un reflejo pelotudo le agarro el orto a otro pibe. Que rápido me agarra la mano, la levanta para descubrir quién era el maldito puto tocador, me mira (y ya entrando a la estación) me grita: qué haces flaco? te voy a romper la cabeza!

Tengo que reconocer que no estoy acostumbrado a viajar en subte. Que es la primera vez que mi mano boba avanza de tal forma. Y qué mal la hice. Pensé que me rompía la cabeza en serio. Además de la verguenza, la cara de imbécil y la no respuesta, diciéndole: disculpá, no me di cuenta. De qué no te diste cuenta? Patético.

La peor parte es que por equivocarme, me quedé sin darle el mordiscon final a mi niño de remera blanca. Lo volveré a cruzar? Si me estás leyendo, escribime. Tenemos que terminar algo, copado.

Sediento de pija, me quedé esperándolo, mirando para todos lados cual cenicienta perdida buscando a su príncipe (historias modificada por la abuela) después de perder su zapatito. Sin verlo, me fui a buscarlo al baño. Y no estaba, claro. Pero me quedé. Putos varios, hasta que uno me chupa la verga adelante de todos. Me meto al cubículo cuando veo su arma de 20 cm (no hay mejor cosa que un pibe con esa pija se trague la tuya de unos tranqui 16 cm). Acabo en instantes, y cuando me digno a salir entra la cana. Que me mira. Y que sabe que la estaba haciendo, pero que no me podía decir nada. Y salgo, victorioso.

Si estás ahí, escribime.

Facundo G

Relatos de los lectores
Un lugar para que todos esos relatos que sean fantasías o no, puedan materializarse y compartirse con todos los demás... Historias que se repiten, pero que tienen el condimento único del que las escribe y las vive, Historias increíbles, y otras que se suman a una terrible y única realidad. Tus historias.
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